Acudimos a las urgencias de un hospital y se comprende que todos queremos ser atendidos rápido, pero los profesionales entienden que nuestro caso no es prioritario y prefieren atender a alguien que tiene un infarto y salvarle la vida; a su vez atienden a dos personas que tuvieron un accidente de coche y están muy graves, siempre he oído decir que la atención inmediata en caso de accidente salva muchísimas vidas pero bueno al igual esto no es cierto y nos tendrían que haber atendido a nosotros primero;, luego atienden a una señora que ha roto aguas y se le ha precipitado el parto y después nos atienden a nosotros, imprudentes, que pese a oir continuamente que antes de acudir a las urgencias hospitalarias debemos ir a nuestro centro de salud, pero bueno así y todo nos atienden de nuestro dolor en el pecho que termina siendo una acumulación de gases y ponemos el grito en el cielo, si hubiese sido un infarto me hubiese muerto, mira tu, solo me tomaron la tensión cuando llegué y me oscultaron rápido y el médico ni me preguntó mi nombre y pretendemos saber más que los profesionales y pretendemos que estos se salten unos protocolos de actuación establecidos previamente y nos cabreamos y la sanidad pública es una basura y las urgencias están colapsadas y todo, por que nos hicieron esperar cuatro horas.
Si usted hubiese acudido a su centro de salud, disculpe la burda expresión, ya le habrían informado que la cuestión se solventaba con cuatro pedos y si en caso contrario se hubiese tratado de un infarto le habrían metido en una ambulancia medicalizada o en un helicóptero, en menos de media hora habría estado en urgencias y sin siquiera haber entrado por la puerta habría tenido un médico en la puerta de la ambulancia que le habría atendido y le habría salvado la vida, pero no usted en vez de estar contento que lo solucionó con cuatro pedos, encima está cabreado/a porque tuvo que perder cuatro horas de su preciada vida antes de que le dijeran que con los dichosos cuatro pedos estaba todo resuelto.
Y permítanme una simple reflexión, ¿no es hora de comenzar a valorar en su justa medida los servicios públicos?