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31 May

Pomada quitamanchas para el patrimonio

Imagínese que, mañana por la mañana, usted se levanta y frente al espejo se descubre una pequeña mancha roja en el cuello. Una semana después la mancha no ha desaparecido y decide acudir al centro médico. El doctor le dice que no se preocupe. Aunque él sólo se limita a examinarle la piel y recetarle una pomada. Un par de días más tarde, la mancha desaparece. Pero debajo de la piel usted siente un bulto. Espera otra semana. El bulto crece y usted vuelve al doctor, quien le dice: "No es nada. Usted siga poniéndose la pomada". Y como no tiene ninguna mancha en el cuello, a los cinco minutos, el doctor le manda para casa.

Transcurren dos meses y aún sigue untándose la pomada en el cuello. La mancha no ha reaparecido. Pero el bulto sigue creciendo. Al cabo de medio año, a usted se le informa que el bulto es en realidad un agresivo cáncer de cuello. El oncólogo le confiesa que, con suerte, le queda un año de vida y que su cáncer podría haberse detectado y parado a tiempo. ¿Qué pensaría usted del doctor que le recetó la pomada quitamanchas?

El ayuntamiento de La Laguna receta la misma pomada quitamanchas a los edificios del centro histórico de la ciudad. Su oficina de gestión del centro histórico, encabezada por la señora Cerrillos, actúa como un médico negligente: sólo le importa que la piel de su paciente no tenga manchas, es decir, que las fachadas de las casas, los jardines de las plazas y las calles adoquinadas estén bonitas e inmaculadas.

En realidad, como denuncio desde 1999, a dicha oficina le importa muy poco, pero realmente muy poco, que un cáncer esté creciendo en el centro histórico. Si un ciudadano acude a la oficina de gestión para quejarse de un problema en su casa histórica, allí mismo le recetarán la pomada quitamanchas y le mandarán para su casa; como me sucedió en junio de 2008.

Antes de explicarle lo que me pasó en 2008, mencionaré dos casos más recientes, de junio y julio de 2011. En junio, el artista Gervasio Arturo Cabrera pintó un mural en la puerta del garaje de la sala de arte Conca, situada en el número 21 de la plaza de la Concepción, o sea, en pleno centro histórico. La oficina de gestión denunció el mural como una infracción "grave" del plan especial de protección del centro histórico. Por tanto, el ayuntamiento ha abierto expediente al dueño de la Sala Conca.

Mi objetivo no es valorar la calidad artística del mural, sino demostrar que para la oficina de gestión del centro histórico el mural es una "mancha" sobre la que debe aplicarse la pomada quitamanchas.

Segundo caso. A fines de julio, los bomberos del consorcio de Tenerife tuvieron que realizar una demolición controlada de la parte superior de una casa del siglo XIX, ubicada en el número 16 de la calle Núñez de la Peña. Como el mural de la Sala Conca, esa casa está en pleno centro histórico. Pero, ¿por qué la oficina de gestión no sanciona también al dueño del inmueble? ¿Por qué dicha oficina no considera una infracción «grave» el dejar que una casa histórica se arruine? ¿Por qué no lo denuncia antes los medios de comunicación como hizo con el mural?

A lo mejor, como me sucedió a mí, el dueño de la casa en Núñez de la Peña sí acudió a la oficina de gestión para pedir ayudar y frenar la ruina de su inmueble. Y quizás lo que ocurrió es que le recetaron la pomada quitamanchas, la cual ni siquiera ha servido para que la fachada de la casa se mantenga en pie.

Que la oficina de gestión se enfurezca contra el mural, mientras que hace la vista gorda con los inmuebles en ruina, vuelve a demostrar que dicha oficina no protege realmente nuestro patrimonio. La demolición parcial de la casa histórica de Núñez de la Peña es otra nueva víctima, otro ejemplo más a añadir a la (por desgracia) larguísima lista de desconcertantes y cada vez más sospechosas actuaciones de la oficina de gestión.

Ya en junio de 2008, la oficina de gestión me demostró que lo que ocurre debajo de la mancha no le interesa. En ese entonces, la oficina de gestión legalizó un verdadero atentado patrimonial: la intervención gravísima sobre los restos supervivientes de un callejón del siglo XVI. Para mayor vergüenza de la oficina de gestión, la entrada del callejón se encuentra a menos de treinta metros del mural de la Sala Conca, es decir, al otro lado de la plaza de la Concepción entre los números 3 y 4.

En un artículo publicado en El Día (22 junio de 2008, pp. 20-21) alerté del peligro de perder los restos del callejón del siglo XVI. Además expliqué su gran importancia histórica y elaboré una propuesta detallada y barata para su recuperación.

Lo más triste de aquellos días de junio fue confirmar el desinterés de la oficina de gestión hacia los problemas verdaderamente graves del patrimonio.

El lunes 16 de junio de 2008 me personé en dicha oficina para advertirles de que las obras de restauración del inmueble número 4 de la plaza de la Concepción ponían en riesgo los restos del callejón. Mi sorpresa fue mayúscula cuando la empleada (prefiero omitir su nombre y apellidos), la cual llevaba trabajando más de quince años, me miró incrédula y admitió que en la oficina desconocían la existencia de los restos.

Solicité una cita con la señora Cerrillos. La empleada me informó que sería imposible porque estaba de viaje. Así que me invitó a presentarle un escrito. Al día siguiente, 17 de junio, le entregué en mano a dicha empleada una carta, material fotográfico antiguo y actual y también varias reproducciones de planos del centro histórico entre los siglos XVI y XIX. El dossier estaba dirigido a la señora Cerrillos y detallaba la enorme importancia histórica de los restos del callejón y cómo rescatarlos.

Aún hoy, más de tres años después, no he recibido la respuesta oficial de la oficina.

Pero, el verano de 2008, la oficina sí permitió la continuación de las obras en el callejón y en el inmueble contiguo. Autorizó al dueño a agujerear el muro y colocar una puerta, detrás de la cual construyó una escalera que hoy, en 2011, ocupa el espacio de los restos del callejón del siglo XVI.

La infracción realmente "grave" es que al tratarse de restos de un callejón que aparece perfectamente trazado en el plano de Torriani de 1588, la actuación negligente y delictuosa de la oficina violó claramente uno de los principios fundamentales de la declaración del centro histórico como Bien Cultural-Patrimonio de la Humanidad. Ese principio es el trazado urbano de la ciudad antigua que tiende a buscar la regularidad de las manzanas urbanizadas.

Otra violación de semejante gravedad sucedió el año pasado, cuando la oficina de gestión "autorizó" la demolición del muro del callejón de Maquila y la alteración de su anchura. El de Maquila es también otro callejón del siglo XVI. ¿Consideró la oficina tal demolición como una infracción "grave"? No.

Sin embargo, según la oficina, el mural de la Sala Conca es el verdadero mal del centro histórico. (Como en su momento lo fue la escultura con forma de lata de sardinas emplazada en la calle Herradores para conmemorar el centenario de Oscar Domínguez.)

Por desgracia, la Sala Conca es una de las pocas galerías de arte que existen en un centro histórico cada vez más controlado por el capital extranjero de franquicias y centros comerciales. El dueño de la Sala Conca no ha dañado el patrimonio histórico. El mural es una intervención reversible y temporal.

Pero, las violaciones que la oficina hace de los principios de la declaración de la UNESCO son en algunos casos irreversibles; como la destrucción de más de diez casas terreras desde 2009.

La recuperación de los restos del callejón del siglo XVI, situados a treinta metros de la "mancha" mural, es posible. Así se lo expliqué el pasado febrero en una conferencia pública en el Ateneo a la entonces concejala de patrimonio. Curiosamente, es una de las pocas personas que no renovado su cargo en esta legislatura. Y, por cierto, jamás recibí su respuesta oficial.

La Laguna no puede permitirse otros cuatro años de pomada quitamanchas. La gestión de un centro histórico de más de quinientos años y patrimonio de toda la humanidad no puede recaer en manos de una sola persona, cuya gestión sigue atentando contra los principios de la declaración de Bien Cultural-Patrimonio de la Humanidad.

Como he venido defendiendo, el centro histórico lagunero necesita urgentemente la creación de un organismo autónomo y no monopolizado por el ayuntamiento que gestione el patrimonio de manera real y en beneficio de la ciudadanía.

Salamanca, declarada en 1998 ciudad patrimonio de la humanidad, cuenta desde 1999 con una Asociación de ciudadanos por la defensa del patrimonio. En Granada, la UNESCO declaró patrimonio de la humanidad la Alhambra y el Generalife en 1984 y el Albaicín en 1989. Desde 1998, su patrimonio histórico es administrado por un patronato municipal, la Fundación Albaicín-Granada, en la que participan un amplio conjunto de instituciones políticas, económicas y culturales.

En La Laguna, una ciudad patrimonio de la humanidad de más de quinientos años de antigüedad, las decisiones en último término recaen en manos de una sola persona, cuya oficina sigue sólo aplicando pomada quitamanchas a las casas, calles y plazas donde viven y vivieron nuestras familias.

El patrimonio lagunero necesita una democracia real ya.

Imágenes y leyenda.

Imagen 1.

imagen 1 - casa concepcion 2008-2011Inmueble número 4 de la plaza de la Concepción en junio de 2008 y en 2011. A la izquierda, el muro que tapa la entrada a los restos del callejón del siglo XVI.

Imagen 2.

imagen 2 -callejon 2008Interior parcial del callejón del siglo XVI en junio de 2008 y hoy ocupado por unas escaleras.

Imagen 3

imagen 3 -planos 1588-1855-copyPlanos de La Laguna entre 1588 y 1874. El número 1 señala ubicación del callejón del siglo XVI. El número 2 indica la calle Antonio Zerolo, y el 3 identifica el callejón de Maquila.

Imagen 4

imagen 4 superimposicion -CopySuperimposición de las manzanas dibujadas por Torriani en 1588 sobre una fotografía aérea de 2006. La ubicación del callejón (número 1) en 1588 coincide con el lugar actual de la superficie superviviente.

 

Álvaro Santana Acuña

Historiador y sociólogo. Universidad de Harvard.

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Modificado por última vez en Jueves, 31 Mayo 2012 09:05

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Álvaro Santana

Historiador y sociólogo. Universidad de Harvard.

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