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09 Oct

“El centro histórico de La Laguna está ardiendo desde 2005”

Álvaro Santana Acuña (La Laguna, 1976) se ha erigido en uno de los más aguerridos defensores del patrimonio canario. Desde 1999 ha publicado una treintena de artículos sobre el tema, además de dar charlas y realizar visitas guiadas destinadas a concienciar a la ciudadanía. Su labor en defensa del patrimonio se ha visto recompensada, entre otros reconocimientos, con el Premio Leoncio Rodríguez. Licenciado en Historia por la Universidad de La Laguna, Santana Acuña ha pasado por numerosas universidades de renombre, incluida la Universidad de Harvard donde realiza su doctorado en Sociología. Tras una estancia de un año en la Universidad de Edimburgo, este mes se ha convertido en el primer canario en acceder como investigador visitante a la prestigiosa Academia Americana de las Artes y las Ciencias con el apoyo del Mahindra Humanities Center y la Fundación Andrew Mellon.

 

¿Cuál es la situación actual del centro histórico de La Laguna?

Es muy similar a la de nuestros montes este verano, asolados por numerosos incendios. La diferencia es que el centro histórico de La Laguna está ardiendo desde 2005. Para la mayoría de los ciudadanos y los medios de comunicación es un incendio invisible, pero sus efectos son irreversibles. Mientras nuestros montes se regenerarán, en La Laguna se han destruido para siempre callejones, casas terreras, casas sobradadas e incluso partes de edificios monumentales protegidos. Tras la aprobación del Plan Especial de Protección (PEP) en 2005, ya no existe ni una sola manzana del centro que no haya sido alterada irreversiblemente. Un centro histórico que tardó siglos en crecer ha sido esquilmado en menos de diez años.

¿Cómo se ha llegado a esta situación?

El actual alcalde y la alcaldesa anterior han privatizado la gestión del centro histórico, dejándola en manos de una compañía multinacional: Arquitectura, Urbanismo y Cooperación. Esta multinacional opera en más de 15 países y de ella es accionista María Luisa Cerrillos, quien continúa al frente de una dependencia pública municipal: la Oficina de Gestión del Centro Histórico. La situación no deja de agravarse. En mayo, Cerrillos insultó a la ciudadanía afirmando en el Congreso Internacional de Ciudades Históricas Patrimonio Mundial que antes del PEP "La Laguna era una ciudad horrible, fría, inhabitable, aburrida y triste".

Sin embargo, la peatonalización le ha dado mucha vida al centro.

Sin duda, pero habría sido un éxito con sólo haber cerrado las calles al tráfico. No hacía falta tal despilfarro de dinero público. Hubiese sido más beneficioso ofrecer mejores ayudas a los propietarios de viviendas históricas para restaurarlas. Asimismo, con ese dinero se habría podido instalar un sistema de prevención anti-incendios en el centro histórico, lo que hubiese evitado el incendio del Obispado en 2006. Pero lo más grave es que, en realidad, el centro no es peatonal. Tramos de las calles San Juan, Herradores, Tabares de Cala y Viana soportan tráfico rodado constante. Los adoquines se rompen continuamente, obligando a despilfarrar más dinero público para reemplazarlos. Además, la peatonalización tiene otros problemas técnicos, como el drenaje de mala calidad y, en varios puntos, los accesos deficientes para personas con movilidad reducida. En el fondo, la peatonalización se diseñó para inducir a las personas a consumir más, no para que disfruten mejor de la vía pública.

Tramo peatonal de la calle Tabares de Cala abierto al tráfico rodado.

¿No ha habido ninguna actuación positiva realizada en el centro histórico en estos años?

Sí, aunque curiosamente son actuaciones donde la multinacional no ha podido dejar su huella. Por ejemplo, la rehabilitación de la torre de la Concepción, la reforma del Teatro Leal y restauraciones de varias casas privadas, cuyos dueños son conscientes de la responsabilidad de legar el patrimonio sin alterarlo irreversiblemente. Además, el movimiento vecinal y los medios de comunicación locales se han convencido de que la peatonalización es sólo una cortina de humo para distraer a la ciudadanía y detrás de la cual se nos ocultan destrucciones irreversibles del patrimonio histórico.

Muchos laguneros y visitantes se preguntan por qué se vacía el interior de viviendas históricas, manteniendo sólo la fachada.

Porque a dicha multinacional sólo le interesa la explotación turístico-económica del centro histórico. Una explotación muy parecida a la que ocurre en nuestras playas con el turismo de masas. En el centro histórico, si hace falta destruir un ejemplar único de casa escalonada del siglo XVIII en la esquina de la calle Herradores con el callejón de Maquila para abrir una franquicia del Grupo Número 1, pues se hace. La multinacional rebaja el nivel de protección de la casa y así se puede demoler completamente, manteniendo la fachada. Si hace falta suprimir el estanque de los patos de la plaza de la Catedral para colocar terrazas turísticas, se hará también. Antes, la destrucción de nuestro patrimonio se concentraba en las costas. Ahora, además le toca a los centros históricos. La Laguna es el ejemplo más sangrante por su condición de Patrimonio Mundial.

Reforma pastiche en el interior de la sede de la Económica, inmueble protegido del siglo XVIII.

¿Qué opina de la nueva sede del Juzgado en la plaza del Adelantado?

Es un verdadero atentado contra los valores patrimoniales de la ciudad. El edificio anterior, sin ser perfecto, se integraba en el entorno. Además, la nueva sede ni siquiera es un edificio vanguardista. Ese tipo de arquitectura pasó de moda hace más de 30 años. Igual que el diseño ganador del edificio del mercado municipal, que es una mala imitación del museo Pompidou en París. Si un turista quiere ver arquitectura vanguardista, visitará Chicago o Nueva York. El turista visita La Laguna para conocer su arquitectura vernácula, única en el mundo, y no pastiches anticuados de arquitectura vanguardista. Por desgracia, hay casos muchísimo más graves que el del Juzgado. Por ejemplo, la destrucción de los restos espaciales de un callejón del siglo XVI frente a la plaza de la Concepción, la alteración de la anchura del callejón de Maquila, la desaparición del ajardinado histórico en la plaza de la Junta Suprema, la ruina y demolición de casas terreras centenarias en la calle Herradores y la antigua Villa de Arriba, etc.

¿Por qué desde el Ayuntamiento se ignora el patrimonio más humilde (en especial, las casas terreras y las casas sobradadas) y se privilegia la protección de los edificios religiosos, palacios y casonas nobles?

En el Ayuntamiento se tiene una visión anticuada y elitista de nuestro patrimonio. Es una gran paradoja. Mientras los laguneros viven en democracia con sus instituciones políticas, esas mismas instituciones (empezando por el Ayuntamiento) tratan de manera antidemocrática el patrimonio, protegiendo sobre todo los edificios célebres o monumentales. Esto es aún más paradójico porque el Ayuntamiento lo lidera un partido nacionalista que dice velar por las tradiciones canarias, y sin embargo permite a una multinacional la ruina del patrimonio más canario: las casas terreras y sobradadas donde vivía la mayoría democrática de la población, como campesinos y artesanos cuyas tradiciones celebra dicho partido.

Casa sobradada abandonada en la calle Candilas.

Entonces, ¿hay que proteger el patrimonio más humilde en vez de los edificios monumentales?

No. Hay que proteger el patrimonio de una manera global y diversificada. Permítame usar una analogía para explicarme. ¿Cuál es la semejanza entre un pinar canario y un centro histórico? En el pinar, lo que sobre todo llamará su atención son los pinos más altos y robustos. De igual manera, en un centro histórico, los edificios monumentales y célebres (catedral, palacio, etc.) atraen más rápido su atención. Sin embargo, un pinar canario es mucho más que grandes pinos robustos. Se compone de fauna y flora que suele pasar desapercibida: desde un pinzón azul hasta una procesionaria, desde un escobón hasta un corazoncillo. Pero sin esa fauna y flora, el pinar no podría sobrevivir. Como los incendios de este verano han demostrado, el pinar acabará muriendo si se destruye su biodiversidad. Desde 2005, se está destruyendo la "bio-diversidad" del centro histórico lagunero.

Casa terrera en ruinas, esquina de las calles Juan de Vera y Santiago Cuadrado.

Pero, ¿es posible una gestión global y diversificada del patrimonio?

Sin duda. Se practica en numerosas ciudades fuera de Canarias donde existe una gestión pública, transparente y democrática del patrimonio con la participación activa y conjunta de expertos y ciudadanos. Esto es muy diferente a La Laguna donde una sola persona que es accionista de una empresa privada, poco transparente y dialogante, es responsable de gestionar un centro histórico patrimonio de toda la humanidad, como lo reconoció la UNESCO en 1999.

En su opinión, ¿qué debería hacerse?

Para empezar, la gestión del centro histórico ha de estar en manos de los ciudadanos y disponer del asesoramiento de expertos. No puede seguir estando controlada por una compañía privada. Además, hay que suspender el PEP neoliberal de 2005 y, como he visto en países como Escocia, crear asambleas ciudadanas y democráticas donde los vecinos tengan voz y voto en la gestión de su centro histórico. Nuestro patrimonio no pertenece al Ayuntamiento ni a un partido político ni a una multinacional, sino a los laguneros, quienes deben implicarse más en su gestión.

¿Qué futuro le aguarda al pequeño y medio comercio local?

Los comercios del centro histórico se parecen cada vez más a los de un paseo marítimo en el sur de Tenerife. Ya no cubren las necesidades básicas del ciudadano residente en el centro. Están desapareciendo las tiendas de comestibles, los molinos de gofio, las pescaderías, las carnicerías, las guarderías, los centros de ocios, etc. En realidad, estos ciudadanos y el pequeño y medio comercio local están siendo expulsados del centro del centro en beneficio de las franquicias, las tascas y las sedes de oficinas. La gestión neoliberal acaudillada por la multinacional (con el beneplácito de la alcaldía y la inacción ciudadana) ha provocado que el centro ya no sea un lugar para vivir sino para salir de copas. Ya no es una ciudad, sino un monocultivo de terrazas turísticas decoradas con las fachadas de edificios históricos.

Fuente: La Laguna mensual (ed. impresa)

Modificado por última vez en Martes, 09 Octubre 2012 08:43
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Álvaro Santana

Historiador y sociólogo. Universidad de Harvard.

e-mail:asantana@fas.harvard.edu

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