Con la presencia de cientos de personas que aguardaban el inicio de la celebración, la tranquilidad de la isla acaba cuando empieza el sonido de cencerros, cascabeles y gritos.
El resultado es emoción y mucho miedo entre vecinos y foráneos ante la estampida de jóvenes vestidos con pieles de carneros que buscan deleitar a quienes se atreven a desafiarlos.
Entre ellos, hay quienes tratan de esquivar a esta peculiar 'manada'. Sin embargo, en la mayoría de las ocasiones, los intentos resultan en vano.
Última cita de Los Carneros de Tigaday, una representación del carnaval tradicional de Canarias. Ahora toca guardar las zaleas y el betún y decir hasta la próxima.










