Entre las innovaciones introducidas por Ico Martín figura una Salomé "andrógina, interpretada por un hombre, que se encarna a partir de su rechazo al mal y que obliga a ver el espectáculo desde otro punto de vista". El propio director advierte de que se trata de una obra "no apta para católicos" que "puede herir su sensibilidad religiosa".
Cinco personajes ocuparán el escenario de la sala portuense: el rey Herodes, la reina Herodías, Yokanaán, más conocido como Juan el Bautista, Salomé y, por último, su paje. El argumento se desarrolla en una noche tormentosa y cálida iluminada por una luna que "aunque no está físicamente presente, influye psicológicamente a todos los personajes".
La obra comienza con la celebración del cumpleaños de Herodes que, alterado por el alcohol, ansía pasar la noche con su sobrina Salomé. Ésta, por su parte, sufre el rechazo de Yokanaán y utiliza la lujuria de Herodes para lograr su objetivo: la cabeza del profeta. La perfidia de Salomé será castigada pero, en un inesperado final, la misericordia de un personaje la salvará tras su muerte.










