A través de la vida de Marie Curie y Rosalind Franklin se destaca el importante papel de la mujer en el avance de la ciencia, muchas veces oscurecido por la historia. Estas representaciones están incluidas dentro del programa "Vamos al teatro", patrocinado por Fundación Disa y Movistar, con la colaboración de la Consejería de Educación del Gobierno de Canarias y el Organismo Autónomo de Cultura (OAC) del Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife, que preside la tercera teniente de alcalde Clara Segura. Este proyecto incentiva la asistencia de nuevos públicos al teatro, especialmente escolares.
Los alumnos, procedentes de 11 centros educativos de distintos puntos de la isla, podrán conocer la biografía de estas dos mujeres científicas de gran valía, que se relacionan entre sí como las dos espirales de una radiación bienhechora y vital. Este montaje aborda parte de la trayectoria de dos vidas marcadas por signos contrapuestos y afines. Basta recordar el humilde origen de Marie frente al aristocrático de Rosalind.
El final de Marie, como celebridad mundial, frente a la soledad final de Rosalind. Las dos sucumbieron por enfermedades causadas por la radiación y por los rayos X. Se enfrentaron a los prejuicios de su época y afrontaron su vocación científica con valentía y coraje.
En la obra que se presenta en el Guimerá puede verse como la polaca Marie Curie profundizó en el campo de la física radiactiva y descubrió dos nuevos elementos, el polonio y el radio. Sufrió privaciones y adversidades durante toda su vida. Catalizó y propulsó, además, el papel de la ciencia en la sociedad moderna.
Por su parte, Rosalind Franklin logró fotografiar, mediante difracción de rayos X, la doble hélice del ADN. Estableció la estructura del carbono y fue pionera en el estudio de los virus. Su figura fue marginada hasta que, tras su muerte, diversas historiadoras de la ciencia la rescataron para recordar al mundo que fue la madre de la genética actual.
A Marie le concedieron dos premios Nobel; a Rosalind, ninguno, aunque la posteridad le haría justicia. La confrontación y complicidad escénica de estos dos personajes constituye una emotiva y doble semblanza plena de interés.
La obra, dirigida por Helena Romero, cuenta en sus papeles principales con las actrices Carmen Hernández y Sigrid Ojel, que mantienen con tensión y ritmo el texto de Francisco Monge.










