La Kremerata Baltica al completo, dirigida por su creador el prestigioso violinista Gidon Kremer, ofrecerá el próximo domingo, 26 de enero, en el Auditorio Alfredo Kraus un concierto en el marco de la 30 edición del Festival Internacional de Música de Canarias, tras su exitosa gira por las Islas. Se trata de una de las orquestas de cámara más reputadas de Europa, que llega al Ciclo con 23 músicos y su afamado violinista y director.
En total, su participación en el Certamen les está llevando a todas y cada una de las islas, incluida La Graciosa, con diferentes programas, prácticamente centrados en compositores del siglo XX. El violinista Gidón Kremer, que dirigirá y participará en las audiciones en Gran Canaria (26 de enero) y en Tenerife (27 de enero) fue el artífice de la creación de esta formación con intención de transmitir a jóvenes músicos de Estonia, Letonia y Lituania su amplia experiencia musical, recompensada con varios premios internacionales y reflejada en más de 150 grabaciones.
Descubrir el talento de compositores contemporáneos es uno de los méritos que se le atribuye a la Kremerata Baltica, interpretando en los espacios que han recorrido en Canarias un amplio repertorio. Para el concierto que tendrá lugar en el Auditorio Alfredo Kraus ejecutarán la Sonata para violín y piano de Dimitri Shostakovich (1906-1975); las Variaciones sobre un tema de Frank Bridge, de Benjamin Britten (1913-1976); cerrando con el Concierto para violín nº2 'The American Four Seasons' de Phillip Glass
Dinamizar la vida cultural de los tres países bálticos figura también entre los objetivos de una orquesta cuyo repertorio abarca desde el Barroco hasta los autores contemporáneos. En 1997, el legendario festival de música austríaco Lockenhaus fue testigo de una pequeña revolución cuando, junto a muchos músicos conocidos, el violinista Gidon Kremer presentó una nueva orquesta: Kremerata Baltica, compuesta por 23 jóvenes músicos de Letonia, Lituania y Estonia, conquistando a la audiencia e inyectando sangre nueva en el Festival con su exuberancia, energía y pasión. Kremerata Baltica, un proyecto educativo con visión a largo plazo, fue presentado por Kremer con motivo de su 50 cumpleaños, como una forma de traspasar sus conocimientos a jóvenes colegas de los estados bálticos, alimentando e inspirando la vida musical de la región.
El talentoso grupo pronto se convirtió en un conjunto de talla internacional, y construyó su reputación en las principales salas de todo el mundo. Kremerata Baltica ha actuado en los últimos 13 años en 600 ciudades de más de 50 países, ofreciendo cerca de 1000 conciertos en Japón, Australia, Estados Unidos, Sudamérica, Rusia y toda Europa. El conjunto ganó el premio Grammy en 2002, el ECHO en 2002 y el Praemium Imperiale Grant para Jóvenes Artistas en 2009.
La orquesta está patrocinada por los gobiernos de Letonia, Lituania y Estonia. Sus miembros, todos con destacadas personalidades musicales, son seleccionados mediante un riguroso proceso de audiciones, y tocan como un conjunto permanente. Entre los destacados solistas con los que Kremerata Baltica ha trabajado se encuentran la soprano Jessye Norman, los pianistas Mikhail Pletnev, Yevgeny Kissin y Oleg Maisenberg, los violinistas Thomas Zehetmair y Vadim Repin, y los chelistas Boris Pergamenshikov y Yo Yo Ma; algunos de los directores con los que han trabajado son Sir Simon Rattle, Esa-Pekka Salonen, Christoph Eschenbach, Kent Nagano, Heinz Holliger y Vladimir Ashkenazy. Todos estos músicos han contribuido a conformar la orquesta.
Para la personalidad artística de Kremerata Baltica es esencial su acercamiento creativo a la programación, que a veces parece al margen de la corriente habitual, y ha posibilitado numerosos estrenos mundiales de obras de compositores como Kancheli, Vasks, Desyatnikov y Raskatov. El amplio y cuidadosamente escogido repertorio de la orquesta se ha mostrado también en numerosas grabaciones como Ocho Temporadas, un par de set de conciertos de Vivaldi con la secuencia argentina de Piazzolla, y Silencio, composiciones de compositores contemporáneos: Pärt, Glass y Martynov. "Después de Mozart", un estudio del siglo XXI sobre el compositor, ganó el codiciado Premio Grammy.
Gidon Kremer
De todos los violinistas destacados a nivel mundial, Gidon Kremer ha tenido, posiblemente, la menos convencional de las carreras. Nacido en Riga, Letonia, comenzó a estudiar a los cuatro años con su padre y su abuelo, ambos conocidos músicos de cuerda. Ganó numerosos premios, incluido el del Concurso Queen Elizabeth en 1967 y el primer premio en los Concursos Internacionales Paganini y Tchaikovsky. Este éxito propulsó la carrera de Gidon Kremer, con una gran reputación a nivel internacional, como uno de los artistas más originales de su generación. Ha participado en los más importantes conciertos con las más destacadas orquestas de Europa y América. Además, ha colaborado con los directores más relevantes de hoy en día.
El repertorio de Gidon Kremer es inusualmente extenso, conjugando todas las obras clásicas y románticas para violín, así como música de los siglos veinte y veintiuno. Ha dirigido, además, obras de compositores vivos rusos y del este de Europa, y ha representado muchas composiciones novedosas, muchas de ellas dedicadas a él. Con el tiempo, se ha ido asociando a diversos autores, acercando su música al público de un modo que respeta la tradición a la vez que se mantiene contemporánea. Sería justo decir que ningún otro solista de su proyección internacional ha hecho más por los compositores contemporáneos en los últimos 30 años.
Gidon Kremer toca un Nicola Amati de 1641. Es, además, el autor de tres libros publicados en alemán que reflejan sus inquietudes artísticas.
Notas del Programa
BRITTEN Y SHOSTAKOVICH. Uniéndose a los eventos a nivel mundial que conmemoran el centenario del nacimiento del británico Benjamin Britten, Gidon Kremer nos ofrece sus cautivadoras Variaciones sobre un tema de Frank Bridge. Una forma entrañable también de que Britten celebre su cumpleaños compartiendo un gran momento junto a su gran amigo Shostakovich, ya que ambos compositores cultivaron una profunda amistad basada en ciertas afinidades personales. En el plano musical estas dos mentes creadoras contemporáneas optaron por una postura fuertemente arraigada en la claridad y parquedad de expresión, "diciendo" lo estrictamente necesario, primando la propia expresión y la conexión psicológica con el oyente por encima de la pertenencia a las vanguardias del momento.
Morirán con un año de diferencia -Shostakovich en 1975 a la edad de 68 años y Britten a los 63-, habiendo reunido ambos un gran catálogo de obras de todos los géneros y habiendo alcanzado una reputación indiscutible.
Sonata para violín y piano, op.134, la compuso Shostakovich en 1968, entrando a formar parte así de la producción de su última década de vida. Es la penúltima de sus obras para dúo entre su escasa producción para esta formación de música de cámara; género camerístico prolíficamente representado, en cambio, por el colosal testamento de los 15 cuartetos para cuerda. La primera grabación mundial de esta obra –de por sí poco conocida entre el público - en versión orquestal está recogida en el sello discográfico Deutsche Grammophon - fue realizada por el mismo Gidon Kremer y su Kremerata Báltica en un concierto en vivo en el Gran Hall del Conservatorio de Moscú en octubre de 2005.
BENJAMIN BRITTEN .Variaciones sobre un tema de Frank Bridge para orquesta de cuerda op.10
En 1937, la mejor orquesta de cuerda de Inglaterra, la Orquesta de Boyd Neel, fue invitada a tocar en el Festival de Salzburgo, y Neel quiso aprovechar la ocasión para interpretar música de un compositor inglés. Algo presionado por el tiempo, se dirigió a un joven compositor de 23 años de edad, Benjamin Britten. Fue así como este brillante joven compositor fue capaz de esbozar la pieza en tan sólo diez días; Neel dirigió el estreno en Salzburgo seis semanas después, y Variaciones de Britten sobre un tema de Frank Bridge se convirtió al instante parte imprescindible del repertorio de orquesta.
Britten había mostrado un talento musical excepcional desde su niñez. Cuando contaba 13 años, le fue presentado a Frank Bridge, excelente violinista y gran compositor, quien sin embargo no ejercía la docencia de composición; sin embargo, enseguida intuyó el enorme potencial de Benjamin aceptándolo como alumno. Personaje fundamental en el quehacer musical de Gran Bretaña, Bridge fue crucial para la formación y carrera del joven Britten En homenaje a su maestro y "padre musical", el tema que tomó como inspiración para su composición procede del segundo movimiento de la serie para cuarteto de cuerda Idilios, op. 6, núm. 2 de su maestro Frank Bridge. El resultado tras su estreno en el Festival de Salzburgo en 1937 fue brillante, estimulando la creciente reputación y confirmándolo como el más brillante talento musical de Inglaterra, llevando la música británica de pleno a la modernidad.
PHILIP GLASS. Concierto para violín, núm.2, «The American Four Seasons»
Glass recibió una sólida formación clásica en Baltimore, su ciudad natal, y posteriormente en Nueva York y en París, donde estudió entre 1964 y 1966 con la mítica Nadia Boulanger. Pero fue el Manhattan de los años setenta y ochenta fue donde creció como artista, al calor de una bohemia que incubaba genios como Andy Warhol. A la edad de 76, Philip Glass es en la actualidad una de las principales figuras de la música del siglo XX, si bien como cualquier creador, tiene también sus detractores. Catalogado como "minimalista" –término que no le gusta en absoluto, definiéndose a sí mismo como "compositor de música que se basa en estructuras repetitivas" - Glass es un celebrado compositor que debe gran parte de este reconocimiento mundial a sus colaboraciones con músicos del pop como Mike Oldfield o David Bowie, bandas sonoras (Kundun, 1997; Las horas, 2002 o El ilusionista, 2006, entre otras), la música para la inauguración de los Juegos Olímpicos de Los Ángeles o la composición de veinticuatro óperas -nada más y nada menos, como la recientemente estrenada en el Teatro Real el pasado mes de enero de 2013 The Perfect American (El americano perfecto), en torno a los últimos años de Walt Disney.
Como el mismo Glass comenta en la edición de su partitura compuso la obra entre verano y otoño de 2009, después de varios años de intercambios de opiniones entre él y el violinista americano Robert McDuffie, con la idea de crear una pieza que sirviera como complemento de Las 4 estaciones de Antonio Vivaldi, después de que el violinista recibiera una propuesta para grabar este verdadero 'hit parade' de la música clásica. The American Four Seasons fue un encargo de las orquestas Sinfónica de Toronto y London Philharmonic, Festival de Música de Aspen, estrenándose con la Sinfónica de Toronto y Robert McDuffie, en diciembre de 2009.










