Eran muchas las cuentas pendientes que la selección española tenía que ajustar con Dinamarca. El equipo escandinavo fue el verdugo de España en el último Mundial y en el último Europeo y esta era la mejor ocasión para devolver la afrenta.
De las seis ocasiones en las que España se había enfrentado a Dinamarca en un campeonato del mundo, los 'vikingos' se habían impuesto en cuatro pero eso no pesó esta vez en el Sant Jordi. Un pabellón que lucía como nunca para acoger la cita más importante en la historia del balonmano español.
Los 'Hispanos' ya habían hecho lo más difícil en 'su' Mundial. Habían llegado a la final y con eso ya había dejado atrás toda la presión que se le exige al anfitrión, contra Dinamarca en la final tocaba disfrutar.
El comienzo fue arrollador, el soñado por Valero Rivera y sus ayudantes durante los últimos cuatro años: parcial de 3-0 a favor y el seleccionador danés Ulrik Wilbek obligado a pedir tiempo muerto en el minuto cuatro de partido.
Tras la pausa Dinamarca consiguió anotar su primer gol pero uno de sus pilares, la portería defendida por su estrella Landin, no funcionaba y por eso Wilbek dio entrada al otro guardameta Jannick Green. Ese era un síntoma claro de que algo no funcionaba en las huestes vikingas.
España se supo aprovechar del noqueo que afectaba a su rival. La defensa 6-0 se compenetró como nunca y los blocajes de Viran Morros y compañía se sucedieron ante las intentonas de figuras mundiales en el lanzamiento como Mikkel Hansen.
Era la primera vez en todo el torneo que Dinamarca se veía desbordada. Su defensa no funcionaba, su contraataque no existía y hasta jugadores infalibles como Eggert erraban ante la presencia de Arpad Sterbik.
Un nuevo parcial a favor, esta vez de 5 a 0, volvió a obligar al tiempo muerto danés cuando el electrónico marcaba el minuto 22 (13-8) pero esta vez no hubo reacción escandinava, todo lo contrario.
El vendaval hispano se agigantó aún más en los últimos minutos de la primera mitad y el marcador al descanso fue histórico: 18-10.
Dinamarca, una caricatura en la segunda mitad
Tras la reanudación Dinamarca siguió sin aparecer. A pesar de conseguir anotar su primer gol al contragolpe del partido, el equipo danés que saltó a la pista era una caricatura del combinado que venía arrasando durante todo el torneo. Tanto era así que España llegó a doblar en el marcador a su rival a los cuatro minutos (22-11).
La hemorragia no tenía cura. Los aficionados daneses se tenían que frotar los ojos para comprobar como su selección era incapaz de detener a los 'Hispanos' y encajaba parciales de la magnitud del 8-0 que colocó a España quince goles arriba: 26-11.










