Para subir con éxito aquí se requiere habilidad, aptitud, paciencia y un gran respeto por las montañas. Sin embargo, las recompensas son acordes con las exigencias pues la experiencia de estar en la cima de uno de los picos principales de Nueva Zelanda es un raro privilegio; la montaña ofrece la oportunidad de elevarse por encima de las nubes, entre el Mar de Tasmania y el Océano Pacífico.
Amador ha estado preparándose para esta escalada, pues sabe que se enfrenta a un reto realmente complejo, con unas posibilidades de alcanzar la cumbre no superiores al 40-50% debidas a que el alto riesgo de aludes convierten la montaña en impracticable tras las grandes nevadas. Por si fuera poco, la antesala de la arista final es muro de roca y hielo donde los alpinistas tienen que poner en práctica todas sus habilidades. En la escala europea de dificultad es grado AD (Alta Dificultad), tan sólo mide 3.750 metros pero se encuentra entre los grandes colosos y entre las montañas más codiciadas por la comunidad alpinística. Sin duda un gran reto deportivo que de lograrlo sería una nueva hazaña para el deporte canario.










