Giles Dickson, consejero delegado de EWEA, destaca que "la eólica es la fuerza que arrastra la transición energética de la UE. Es una industria madura, que tiene sentido económico y contribuye significativamente a los objetivos de seguridad energética y competitividad europeos". No obstante, añade que "el crecimiento es desigual en el territorio. La eólica no lo está haciendo tan bien en países en los que la regulación no está clara y/o no es eficaz; los inversores y los promotores se van a otro sitio".
España es un claro ejemplo: la última legislatura ha sido la menos eólica desde 2000, ya que sólo se han instalado 1.932 MW como resultado primero de la moratoria verde y después, de la Reforma Energética, que alejó la seguridad jurídica del país. Es más, desde que entró en vigor el nuevo sistema retributivo en 2013, sólo se han instalado 27 MW, un 1,4% del total acumulado en la legislatura.
La principal consecuencia de la parálisis de la eólica es que España se aleja de los objetivos europeos de consumo de energía a través de fuentes renovables en 2020, que son vinculantes. La única posibilidad es que se den los pasos adecuados –recuperar la seguridad jurídica, lanzar un calendario de subastas, entre otras cosas– para cumplir con la Planificación Energética a 2020 aprobada por el Gobierno, que cifra en 6.400 MW las necesidades de potencia eólica para cumplir con Europa.
Según EWEA, la UE en su conjunto debería mostrar más ambición en materia de renovables si quiere mantener el liderazgo en el sector. Hoy sólo 6 de los 28 estados miembros tienen objetivos y políticas más allá de 2020.










