Los trabajos de Aurelia Gil pretenden plasmar el espíritu de Roma, una ciudad que se atreve a vestir a la mujer moderna con colores básicos como el blanco, el gris, el rosa, el azul bebé y el verde menta.
Propone, de esta forma, un juego estético en el que tienen cabida vestidos de print mosaico, sastrería en piqué y tweed, camisería de 'plumeti' en seda y algodón, volantes y pata de gallo, así como detalles en puntilla de encaje de bolillo combinados con ataduras en cordón.
La diseñadora grancanaria basa su colección en la sastrería italiana de los años 60, al tiempo que añade un aire folk más setentero con el que la diseñadora busca que la mujer luzca elegante, femenina, ligera, versátil y con cierto aire mediterráneo que se aprecia, sobre todo, en su colección de vestidos largos.










