La denominada flexibilización cuantitativa o Quantitative Easing (QE) conllevaría la compra de deuda pública en el mercado secundario por un valor que los expertos sitúan entre 500.000 millones y 1,1 billones de euros, con el fin de luchar contra el riesgo de deflación en la eurozona.
Los mercados dan por descontada la medida y estiman su impacto en las Bolsas europeas en un 20% de revalorización. Una cifra similar al empuje que experimentó Wall Street tras las rondas de estímulo de la Reserva Federal.
Según cálculos del BCE, actualmente hay títulos de deuda soberana en el mercado secundario por valor de 6,5 billones de euros que cumplen con las condiciones para entrar en el programa de compra de bonos.
Dudas sobre el calendario
El calendario aún no está claro, sobre todo por la cercanía de las elecciones en Grecia, que tendrán lugar el domingo 25 de enero. Draghi podría posponer el anuncio hasta el día 5 de marzo en la reunión que el BCE celebrará en Chipre. Se da la circunstancia de que el gobernador del Banco de España, Luis María Linde, no tiene derecho a voto en el encuentro de política monetaria de este jueves por la entrada en vigor del nuevo sistema de rotación, pero si que estará presente en Nicosia.
El presidente de Analistas Financieros Internacionales (AFI), Emilio Ontiveros, ve deseable que el BCE anuncie la adquisición de unos 550.000 millones de euros, "que serían unos 35.000 o 40.000 millones todos los meses" hasta que la inflación roce el 2%.
En cuanto al diseño del programa, Ontiveros cree que el BCE preferirá que cada uno de los bancos centrales nacionales compre deuda de forma proporcional a su peso en el Eurosistema, lo que significa que a España le tocaría adquirir unos 60.000 millones. Así, el BCE evitaría los riesgos de afrontar la quiebra de alguno de esos países, que es justo lo que quiere Alemania. Algo que apunta "no es bueno".
Lucha contra la deflación
Esta inyección económica estaría destinada a añadir liquidez al sistema con el objetivo de estabilizar la inflación y potenciar el crecimiento europeo. Según Bloomberg, el objetivo del banquero italiano será el de convencer al mercado de que su plan es lo suficientemente potente para revitalizar la economía.
El miembro del Consejo del BCE y gobernador del Banco Nacional de Austria, Ewald Nowotny, ha enfriado los ánimos al señalar que el BCE no tiene mucho margen de maniobra para luchar contra la caída de los precios.
"Nuestras posibilidades son limitadas", ha dicho Nowotny en el diario tirolés Tiroler Tageszeitung. A pesar de las bajas tasas de inflación en la eurozona, un consumo debilitado y un retroceso de las inversiones, el gobernador austríaco considera que no hay peligro de deflación en este año.
Algunas voces apuntan a que este programa de compra de deuda pública sería insuficiente para lograr que aumenten los precios hasta cerca del 2%, pero siempre por debajo de esa cota, que es el objetivo del BCE.
El factor griego
El director del instituto demoscópico griego Kapa Research, Tassos Georgiadis, considera que si el BCE compra títulos de la deuda griega, calificados como bono basura, la medida favorecería al movimiento de izquierda Syriza en los comicios del próximo domingo.
"Si el BCE anuncia que comprará también títulos de la deuda griega muchos electores se convencerán de que una llegada de Syriza al gobierno no implica la amenaza de que Grecia salga de la zona euro", señala Georgiadis al Frankfurter Allgemeine. Con todo, el dictamen del abogado general de la UE señala que el BCE no puede comprar bonos de un país al que le ha impuesto condiciones para su rescate. Es decir, no puede ser juez y parte, ni cruzar la línea que separa la política monetaria de la política económica.
En los gobiernos europeos hay discrepancias con respecto al programa de compra de bonos. La canciller alemana, Angela Merkel, se ha limitado a recordar la necesidad de respetar la independencia del BCE, pero dentro de la CDU hay quienes consideran que el emisor estaría rebasando sus competencias.
Por su parte, el primer ministro italiano, Mateo Renzi, se ha manifestado en Davos a favor de la puesta en marcha del programa.
Draghi podría dar la sorpresa
Otros analistas sugieren que Draghi podría dar la sorpresa y comprar bonos soberanos de Estados Unidos, calificados con la triple A, en lugar de la eurozona, lo que provocaría una depreciación del euro del 20% o el 30%. Esta estrategia ayudaría a subir los precios por la vía de aumentar la base monetaria y por la de importar inflación, ya que se encarecerían los bienes y servicios del exterior.
Además aumentaría los niveles de competitividad de las economías europeas pero podría tensar las relaciones entre EE.UU. y Europa. Como efecto indeseado podrían subir las primas de riesgo de los países periféricos.
La posible compra de bonos por parte del BCE ya ha llevado a mover ficha a otros bancos centrales europeos. El primero fue el Banco Nacional Suizo que la semana pasada eliminó el cambio mínimo con el euro lo que provocó la revalorización del franco suizo. Este lunes, el Banco Nacional de Dinamarca rebajó los tipos de interés y la facilidad de depósito al mismo nivel que la eurozona para frenar el flujo de entrada de capitales.










