Por otro lado, en el documento se plantean también la adopción de un paquete genérico, el uso de advertencias sanitarias de tamaño excesivo en el empaquetado y la prohibición de exhibir el producto en el punto de venta. Estas medidas se presentan sin el respaldo de pruebas que demuestren que se reduciría el consumo o que se lograrían otros objetivos de salud pública. En este sentido, es fundamental tener en cuenta que el empaquetado genérico, favorecería una competencia en precios que generaría productos del tabaco más baratos y además estimularía el comercio ilícito, al hacer más fácil y barato para los falsificadores copiar el empaquetado estandarizado. Además, esto conllevaría la destrucción de más puestos de trabajo indirecto, desde empresas litográficas, explotadores de máquinas expendedoras, hasta empresas encargadas de publicidad, muebles, azafatas...Cabe recordar que los puestos de empleo indirecto en este sector ocupan a más de 2.000 personas en el archipiélago.
Todas las medidas enunciadas anteriormente tienen en común que buscan hacer de las distintas marcas de cigarrillos un producto indiferenciado para los que la única forma de competencia es vía precio y, en este escenario, es fácilmente imaginable las consecuencias negativas que esto tendría para toda la cadena de valor. En el caso de Canarias, teniendo en cuenta que es una de las comunidades autónomas más castigadas por la crisis económica y el desempleo, las consecuencias serían nefastas para un sector que siempre se ha considerado estratégico dentro del desarrollo industrial canario.
Es necesario, por tanto, hacer llegar estas consideraciones a la Comisión Europea y a la Comisión Interministerial Española coordinada por la Secretaría de Estado para la UE, para que sean tenido en cuenta nuestros reparos durante el proceso de revisión de la Directiva 2001/37/CE.










