A estas alturas, evidentemente, no vamos a descubrir al señor Hermoso, todo un experto en el arte del funambulismo político. Conocidas son dos de sus grandes hazañas para pegarse al sillón con una técnica mejor que la de adherir su salva sea la parte con Superglue a esa poltrona. Una de ellas fue la perpetrada en 1993, cuando había pactado año y pico antes con los socialistas un acuerdo gubernamental por el cual Jerónimo Saavedra se hacía con la Presidencia y a Hermoso le tocaba ser el vicepresidente. Pues bien, he aquí que el nacionalista acabó dando la puñalada trapera al PSOE y no tuvo escrúpulos o remilgos en pactar con otro elemento de dudosa catadura moral llamado Dimas Martín para perpetrar una moción de censura y arrebatarle el puesto de jefe del Ejecutivo a los socialistas.
La otra pirueta fue poco después, en 1995. Conocedor entonces de que el PP estaba a punto de ser el próximo partido en el Gobierno de España y, por tanto, su poder podía tener el efecto contagio en unas elecciones regionales y locales, el señor Hermoso decidió que había que salvar para Coalición Canaria tanto la alcaldía de Santa Cruz de Tenerife como el Gobierno canario y su solución fue la de hacer doblete (algo que luego han aplicado políticos en el PP como José Manuel Soria, Cabildo y Ejecutivo autonómico). Una vez obtenida la victoria a nivel de Canarias, renunció a su puesto de alcalde en la capital chicharrera para dársela a un político que empezaba a despuntar, pese a su juventud, el señor Miguel Zerolo. Una trampa legal, pero que dejaba al descubierto las ansias de un político por gobernar allá donde fuese.
De todas maneras, en este caso, aunque el comportamiento de Coalición Canaria suele ser el habitual, dar el picotazo del escorpión a su socio de Gobierno cuando ya no le conviene a sus intereses, es verdad que las palabras de Hermoso van más dirigidas a mermar la línea de flotación de Paulino Rivero, que tras el congreso de CC ha quedado más que tocado para los próximos meses.
Juan Antonio Alonso Velarde