El Ritual del Mimbre, celebrado aprovechando el amanecer de la festividad de San Juan Bautista, se constituía desde principios del siglo XIX como un ritual laborioso y protocolario por el cual se creía que si se cumplía con lo establecido se llegaba a curar la hernia inguinal y umbilical de niños y adultos o enfermedades presentes en animales o plantas frutales. Para esta labor, se debía llevar al afectado a la mimbrera justo antes del amanecer y tras que se abriera un hueco ovalado en una rama de mimbre, se pasaba al enfermo por él tres veces rezando escritos creados para esta ceremonia. Esa vara luego se cerraría con una tira de badana de plátano y la creencia decía que si el mimbre sanaba y lograba volver a soldarse en ese año, la dolencia se curaría. En caso contrario, debería repetirse el ritual al año siguiente.
La exquisitez del ritual es tal, que los personajes que deben celebrar el ritual son personajes cerrados: debe haber una María, que haría las funciones de la madre del Señor, una Isabel y un Juan que harían las labores de portar al enfermo de un lado a otro del mimbre, y una vela encendida que representaría la luz eterna.
Para este año, se puso en marcha una dramatización que trasladara al público presente todo el proceso del ritual, pero la intención es rescatar esta tradición para los años consecutivos y no se descarta que si alguien está interesado pueda probar suerte pasando por el mimbre.
El Ritual del Mimbre se suma a la lista de tradiciones que han sido protegidas y rescatadas a lo largo de este año, como puede ser el Pan por Dios y Los Santitos en la celebración de Todos los Santos o la festividad de San Andrés y el Día de la Cruz.










