La incidencia de la fractura de cadera en el anciano va en aumento debido a la mayor expectativa de vida de la población, constituyendo una afección de rasgos epidémicos, que afecta sobre todo a las mujeres en edad senil. Si comparamos los datos del servicio de Traumatología del Hospital registrados en 1991, hace 20 años, la incidencia de las fracturas de cadera se ha incrementado en un 62 por ciento, lo cual responde al incremento de la esperanza de vida.
El tratamiento de las fracturas, salvo en pacientes con precario estado de salud, es quirúrgico. Ante una fractura de cadera, los traumatólogos del centro hospitalario optarán, según el tipo de fractura, su localización, el estado del paciente y su situación funcional previa, por un tipo determinado de intervención quirúrgica, el implante de clavos o bien la colocación de prótesis parciales; técnicas que lograrán dar solidez y estabilidad a la articulación y recuperar la marcha del paciente.
Las fracturas de cadera representan un importante problema de Salud Pública ya que suponen una gran carga socioeconómica, conllevan un elevado porcentaje de mortalidad, disminución de la capacidad funcional y de la calidad de vida, mayor dependencia social y un elevado coste sanitario.
Factores de riesgo
Los principales factores que contribuyen a que se produzca una fractura de cadera son la osteoporosis y las caídas. La osteoporosis consiste en la disminución de la masa ósea volviéndose el hueso más frágil y, por tanto, más susceptible de padecer fracturas. Es una enfermedad silente que se manifiesta cuando aparecen las complicaciones en forma de fractura. La osteoporosis, que también ocurre en los hombres, aunque en menor proporción, se puede prevenir, mediante una adecuada ingesta de calcio, preferentemente de fuentes naturales (dieta), durante el crecimiento y posteriormente con medidas farmacológicas y no farmacológicas.
Afecta especialmente a las mujeres a partir de los 65 años en las que generalmente una fractura de muñeca es la primera manifestación de la misma. Hasta los 30 años de edad se adquiere el pico máximo de osificación y a partir de entonces comienza la pérdida paulatina de calcio de los huesos. En la mujer, después de la menopausia se acelera la pérdida de hueso por los cambios hormonales, de ahí que sea importante detectar la osteoporosis.
Pero no todos los pacientes con osteoporosis sufren fracturas. Para ello tiene que haber una caída. La frecuencia de las caídas en el hogar afecta casi a la tercera parte de las personas mayores. Determinados estudios afirman que la mitad de población mayor de ochenta años se cae al menos una vez al año. Las caídas suponen el 90% de las fracturas de cadera en este grupo de población.
Causas
Entre los factores de riesgo de la osteoporosis que contribuyen a disminuir la masa ósea están la edad avanzada, la complexión delgada y talla baja, el sedentarismo, la existencia de determinadas enfermedades crónicas (artritis reumatoide, diabetes, insuficiencia renal, etcétera), el consumo de determinados fármacos (corticoides, anticonvulsivantes, anticoagulantes) y hábitos tóxicos como el alcohol y el tabaco.
Entre los factores de riesgo que contribuyen a la caída están las alteraciones de la marcha asociadas con la edad, enfermedades (parkinson, hemiparesia, síncopes, síndromes vertiginosos), el consumo de medicamentos (como antidepresivos y antipsicóticos) que disminuyen el estado de alerta de la persona, los trastornos de la visión y los estados confusionales (demencia senil), entre otros. Otros factores que influyen en las caídas son los riesgos en el domicilio como los suelos mojados, mala iluminación, muebles mal diseñados, escaleras poco seguras, o calzado inadecuado.
Prevención
Para prevenir la aparición de la fractura de cadera y/o sus consecuencias es recomendable tomar una dieta abundante en calcio, practicar una actividad física adecuada, tratar adecuadamente la osteoporosis, reducir factores de riesgo que producen una pérdida de masa ósea, como el consumo de alcohol y tabaco, o las inmovilizaciones prolongadas.
Además, es importante promover un hábitat adecuado en cuanto a iluminación, accesos, suelo, supresión de barreras, eliminación de alfombras y exceso de muebles en las áreas de mayor tránsito de la casa. Igualmente es recomendable para las personas con riesgos de caídas la provisión de dispositivos apropiados para caminar más seguros, como bastones o andadores, y el control en el consumo de medicamentos que supongan un factor de riesgo debido a sus efectos.










