El año 2021 trajo consigo una esperanza truncada. La pandemia de la COVID-19 dejó su huella en todo el mundo, y La Bajada no fue la excepción. Aunque propusimos medidas excepcionales para cumplir con el voto, la celebración no se llevó a cabo, y ese mes de julio se llenó de silencio y lágrimas contenidas.
La decisión, dolorosa, se argumentó como un acto de responsabilidad y cuidado. Sin embargo, no podemos obviar la autocrítica; la propuesta de una celebración extraordinaria en 2022 fue otra oportunidad perdida. Quizás faltó voluntad, consenso o simplemente la convicción de que era posible en medio del miedo de una pandemia incierta.
La lección aquí es clara: debemos aprender de nuestros errores, pero sin perder el espíritu y la devoción que nos une. Y es que ocho años para algunos pueden ser una eternidad. Los niños que tenían la edad justa para empezar a comprender la emoción de La Bajada celebrada en 2017 hoy son adolescentes, algunos quizás incluso jóvenes adultos, que no han tenido la oportunidad de vivirla en toda su plenitud. Esos niños han crecido desvinculados de una parte esencial de su identidad cultural, y mientras nuestros mayores, aquellos que llevaban décadas transmitiendo la devoción y las historias de cada Bajada, nos han dejado sin volver a vivir ese día tan esperado.
Ahora, con la mirada puesta en 2025, el ambiente de La Bajada comienza a respirarse en cada rincón de la isla. Hay una emoción palpable, una ansiedad positiva que nos invita a prepararnos. Este es el momento de remar juntos, de empezar los preparativos con antelación y de asegurarnos de que cada detalle esté a la altura.
Los pueblos y los "Señores Justicia y Regimiento"-como hace alusión el Voto- debemos empezar a trabajar desde ya para que esta Bajada sea un homenaje no solo a nuestra querida Virgen de Los Reyes, sino también a todos aquellos que no estarán físicamente con nosotros, pero cuya presencia sentiremos en cada paso del camino.
¡Por ver a la Madre Amada no siento la caminada!
David Cabrera de León.