La Navidad es también la fiesta del dar. Quien quiera dar los pasos hacia un buen año nuevo, precisamente en la época navideña puede reflexionar sobre cómo le gustaría dar una alegría a sus semejantes, pero no sólo con dones externos, si no con su proprio ser interno, que él se esfuerza en refinar y orientar hacia el amor del infinito, que es la seguridad y la firmeza, que irradia confianza y felicidad interna y da a otros. Porque lo que amamos de corazón y damos de corazón, eso lo tenemos también nosotros, y por el contrario, lo que esperamos y ansiamos, con eso nos robamos a nosotros mismos.
De Gabriele, la profeta y enviada de Dios para nuestro época, hemos escuchado lo siguiente: «A pesar de todo el egoísmo que en la actualidad reina por todas partes, la ley eterna del amor está recorriendo todo el mundo para alcanzar a las personas que añoran el amor de Dios. El Espíritu de Dios es el núcleo imperecedero en todos y en todo, la fuerza todopoderosa, la luz que vence todas las sombras y que devuelve todo a su forma espiritual-divina originaria. Cada uno de nosotros está envuelto por el amor infinito, lo notamos cuando nos entregamos al amor de Dios, haciendo paso a paso obras del amor, que encontramos en los Diez Mandamientos de Dios y en el Sermón de la Montaña de Jesús. Si realmente hacemos obras del amor se notará en el contenido de nuestras obras. Y nosotros mismos podremos comprobar si son íntegras cuestionándonos nuestras palabras y obras, por ejemplo preguntandonos: ¿Por qué digo esto ahora? ¿Por qué hago esto ahora?
José Vicente Cobo