Por ejemplo de Buda se ha transmitido lo siguiente: «El consumo de carne no se lo he permitido a nadie, y en adelante tampoco se lo permitiré». De los antiguos códigos del hinduismo: «El requisito para la redención es no matar a ningún ser vivo». Lo que ha sido transmitido desde el judaísmo al cristianismo ya desde el Génesis es por ejemplo: «Y dijo Dios: de este modo os entrego todas las plantas que llevan semilla y todos los árboles con frutos. Ellos os deben servir como alimento». En realidad se llega a la conclusión de que estas normas que trajeron algunos fundadores religiosos con el tiempo han sido en parte alteradas y convertidas por parte de los sacerdotes, en todo lo contrario.
Y curiosamente es en las festividades religiosas cuando más carne se consume, siendo el cristianismo donde más sorprende, ya que en la Biblia se encuentran pasajes de los antiguos profetas de Dios, quienes hablaron sobre el horror que supone la matanza de animales. Por ejemplo Oseas, Isaías, Jeremías y Jesús de Nazaret dejaron pasajes a favor de los animales y contra su consumo. Moisés, un profeta común a las principales religiones monoteístas sencillamente dijo: «No matarás».
Se puede decir que la humanidad ha tenido muchas oportunidades de reconocer que el abuso a que se ha sometido a los animales podría traernos consecuencias. Sin embargo estas advertencias siempre se las ha llevado el viento, aunque en la actualidad, en base a las demostraciones científicas y también a las indicaciones provenientes de la profecía dadas a través de Gabriele de Würzburg, ya nadie puede negar que el consumo exagerado de carne es lo que ha conducido a la catástrofe climática que ya está experimentado la humanidad.
Teresa Antequera Cerverón