El alma que ha deseado volver a estar encarnada en otro cuerpo humano, ha traído consigo a su nueva vida en la Tierra lo no expiado, por lo que en algún momento llegarán los días en los que una parte de su siembra apremiará a ser cosechada. Sólo queda esperar que entonces, cuando la envoltura humana haya alcanzado su grado de madurez, el hombre no siga obrando como en una de las encarnaciones anteriores. Lo único cierto es que en cualquier momento, bien en el reino de las almas bien como ser humano, esas causas irrumpirán hasta ser purificadas, es decir saldadas.
Bienaventurada la persona que aprovecha su tiempo de peregrinaje como ser humano en la Tierra. Pues si reconoce a tiempo bajo qué «culpas» estaba sometido y aprende de ello desarrollando el arrepentimiento y el pedir perdón, y si renuncia a las nuevas tentaciones no haciendo más lo que antes había dominado su vida, contribuirá a que cada vez más personas se aparten de la «oscura magia» de las instituciones eclesiásticas, las que enseñan sobre un dios castigador y una condenación eterna. Por eso estimado lector reconozca la verdadera vida, y encuentre el amor a Dios y al prójimo, que es la unidad de la vida a la que pertenecen los animales, la naturaleza, los elementos y toda la vida en y sobre la Tierra.
La «nebulosa magia» de la Iglesia, institución que se denomina a sí mismo cristiana, presenta engañosamente como blanco lo que es negro. Por eso la llamada a cada persona es: «¡Hombre, despierta antes de que tu alma abandone su envoltura, pues la ley de Siembra y cosecha se pondrá algún día en movimiento. Examina cómo es tu siembra, pues de forma semejante será tu cosecha!» Y esto vale para cada persona.
José Vicente Cobo