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Transcurridos más de dos meses del inicio de la crisis sanitaria por Coronavirus en Canarias, y tras cinco semanas de confinamiento por la declaración del estado de alarma, el balance de lo realizado por el gobierno canario y su homónimo español, resulta manifiestamente decepcionante.
Si bien, en la prevención del desastre, ha ayudado que el comportamiento de la pandemia en las islas no ha sido especialmente agresivo, motivado en parte por el carácter insular de nuestro territorio; en lo que a la afección de los profesionales de la sanidad pública respecta, se evidencia la pésima gestión de la crisis. Con cifras de hasta el 24,5% de profesionales de casos positivos (el más elevado de la media española), contribuyendo a ello, por un lado, la falta y el retraso en la realización de test de detecciones masivas entre los trabajadores, y por otro, la falta de equipos de protección individual. Cuestiones éstas ya hace tiempo advertidas por nuestros delegados de prevención en los centros de trabajo.