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Una ola de frío azota Europa ante la indiferencia del fascismo
Mientras escribo este texto en Belgrado los refugiados y refugiadas están a 8 grados bajo cero, con ropa inadecuada para enfrentar la crudeza del frío, las casetas, muchas de ellas simples tiendas de campaña de tela, está cubiertas por una espesa capa de nieve, parecen iglués pero no lo son, no están preparadas para aislar el frío ni mantener el calor dentro.
Ante esto puede que alguien en algún despacho con calefacción este buscando una solución que llegará tarde (ya hay muertos) para así poder decirse así mismo que lo intentó, y que la lenta burocracia impidió salvar el desastre. Pero este no es el primer invierno y, quizás la mala idea ya me hizo pensar antes que la Unión Europea espera que las temperaturas rebajen el número de socilicitantes de asilo, que los mate de frío. La omisión es también violencia, es también un crimen.