Recortes que afectan a todos los ministerios, y que renuncia tácitamente al estimulo y a la reactivación de la economía cargándose la inversión publica, y dinamitando por completo el Estado del Bienestar, recortando en las tan dañadas partidas que sostenían nuestro modelo educativo, sanitario, de formación y empleo, o el de las políticas para las personas dependientes, por citar algunas.
Y todo esto, acompañado de una subida de impuestos indirectos, es decir, los que pagamos todos por igual independientemente de nuestro nivel de renta, la recuperación del impuesto de sucesiones y donaciones, y la llamada "amnistía fiscal". Para que nos entendamos, el modelo neoliberal de combatir el fraude fiscal, perdonando a los defraudadores para que regularicen sus pecados, cuando nos venían anunciando desde hace ya muchos meses que era precisamente lo que iban a combatir con uñas y dientes. Y por cierto, que la reforma laboral ni una línea contiene sobre cómo combatir dicho fraude fiscal.
En definitiva, más de lo mismo o peor. En un escenario donde los ingresos por IRPF, ese impuesto que también han subido no hace mucho, en el último año han caído un 25%; bien porque los salarios han bajado, o por la masiva destrucción de empleo. Con el SMI congelado, al igual que el salario de los funcionarios, que a pesar de tener que trabajar dos horas y media más, y ver reducido un 5% sus sueldos, viven bajo la incertidumbre del próximo recorte de 50 mil millones en los PGE del año que viene y que tendrán que ser presentados por este mismo gobierno en octubre de este año.
Los impuestos suben, los salarios bajan, los próximos despedidos, independientemente de sus antigüedad, a 20 días por año trabajado, los jóvenes a trabajar por cuatro pesetas y sin ningún atisbo de futuro, el índice del gasto del consumo interno bajando de forma estrepitosa (10 puntos el último trimestre), las prestaciones por desempleo, esas que en estos presupuestos dicen que no se tocan, es en la reforma laboral donde le pegan el "tajo". Y así, una tras otra medida, hasta deprimir definitivamente nuestra economía.
Y es que aquí la única amnistía que vale, con esta reforma laboral impuesta, es la laboral, no la fiscal. La fiscalidad en todo caso que sea justa, solidaria y equitativa, donde paguen más los que más tienen. Y aquellos que han evadido sus impuestos, especialmente en este periodo de crisis, que paguen con intereses cada céntimo defraudado, aflorando la economía sumergida y reconstruyendo un país para volver a la senda de la prosperidad.
Ahora se entiende la reposición cero de empleados públicos, salvo el 10%, al igual que en otras categorías, de los inspectores de hacienda y laborales. Es decir, promulgar la ausencia de control, facilitar a los estafadores su "negocio", y cargarse el marco de relaciones laborales desregulándolo de forma paulatina, hasta conseguir instaurar el modelo ideológico que el PP quiere para este país, que no es otro que el de "salvase el que pueda".
Gustavo Santana
Secretario general de UGT Canarias