El amor que los seres humanos creemos comprender como verdadero y profundo en la mayoría de los casos se basa en el querer poseer. Por ejemplo al hombre le agradan determinadas características de una mujer, y a la mujer le agradan determinadas características de un hombre. Estos atributos de atracción desembocan en enamoramiento y ejercen un efecto como de imán, siendo así que el atractivo irá acompañado del deseo de poseer a la persona amada, es decir, de querer tenerla. De este amor y de esta atracción, a priori fascinante, resultará probablemente una relación sentimental.
Pero los atributos que tan deseables encontramos en la otra persona y que nos atraen tanto, son aquellos que nos faltan. Otra motivación que da lugar a admiración y atracción es el porte, la apariencia. El enamorado piensa que la otra persona emana seguridad, algo que fascina y atrae y de lo que probablemente carezcamos. El siguiente pensamiento con toda seguridad será: «Quiero tener a ese hombre o a esa mujer».
En las diferentes situaciones que solemos denominar amor, la imagen ilusoria del deseo ejerce un fuerte efecto en la persona que admira o ama a otra. Esto desencadena que una persona espere de la otra aquello que añora o de lo que carece, y que por ultimo quiere tener. A esto erróneamente lo llamamos amor. Por tanto la atracción no está basada en el «haber» sino más bien en el «debe» y frecuentemente a eso lo llamamos amor.
Pero a otro nivel más elevado de amor, por ejemplo el amor de Dios o el amor cósmico estaría por contra basado en dar y recibir. El amor de Dios da y el hombre lo puede recibir si lo desea y si se prepara para ello, es decir si se sintoniza para recibir la luz del amor verdadero.
Esto significa apartar nuestras sombras humanas negativas semejantes a nubes. La Luz universal eterna del amor no exige nada de los seres humanos. El amor eterno, el sol de la existencia originaria, da y da.
Nosotros los seres humanos somos quienes creamos nubes y sombras cuando esperamos algo diferente a los rayos del amor eternamente donante. Este estado, el de apartarse de la Luz, ensombrece nuestro ánimo y así también los elementos que componen nuestro cuerpo físico, que entonces tienen hambre de luz, de fuerza y de calor, hambre de los rayos del verdadero amor, de la luz del sol interno.
Radio Santec
José Vicente Cobo