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13 Feb

¿San Valentín o el verdadero Amor?

A muchas personas les cuesta comprender qué es el amor verdadero. En la mayoría de los casos la persona opina que el amor entre dos personas es un amor divino. Esta opinión, como tantas otras, no es más que una ilusión que se muestra en algunas situaciones de la vida diaria.

El amor que los seres humanos creemos comprender como verdadero y profundo en la mayoría de los casos se basa en el querer poseer. Por ejemplo al hombre le agradan determinadas características de una mujer, y a la mujer le agradan determinadas características de un hombre. Estos atributos de atracción desembocan en enamoramiento y ejercen un efecto como de imán, siendo así que el atractivo irá acompañado del deseo de poseer a la persona amada, es decir, de querer tenerla. De este amor y de esta atracción, a priori fascinante, resultará probablemente una relación sentimental.

Pero los atributos que tan deseables encontramos en la otra persona y que nos atraen tanto, son aquellos que nos faltan. Otra motivación que da lugar a admiración y atracción es el porte, la apariencia. El enamorado piensa que la otra persona emana seguridad, algo que fascina y atrae y de lo que probablemente carezcamos. El siguiente pensamiento con toda seguridad será: «Quiero tener a ese hombre o a esa mujer».

En las diferentes situaciones que solemos denominar amor, la imagen ilusoria del deseo ejerce un fuerte efecto en la persona que admira o ama a otra. Esto desencadena que una persona espere de la otra aquello que añora o de lo que carece, y que por ultimo quiere tener. A esto erróneamente lo llamamos amor. Por tanto la atracción no está basada en el «haber» sino más bien en el «debe» y frecuentemente a eso lo llamamos amor.

Pero a otro nivel más elevado de amor, por ejemplo el amor de Dios o el amor cósmico estaría por contra basado en dar y recibir. El amor de Dios da y el hombre lo puede recibir si lo desea y si se prepara para ello, es decir si se sintoniza para recibir la luz del amor verdadero.

Esto significa apartar nuestras sombras humanas negativas semejantes a nubes. La Luz universal eterna del amor no exige nada de los seres humanos. El amor eterno, el sol de la existencia originaria, da y da.

Nosotros los seres humanos somos quienes creamos nubes y sombras cuando esperamos algo diferente a los rayos del amor eternamente donante. Este estado, el de apartarse de la Luz, ensombrece nuestro ánimo y así también los elementos que componen nuestro cuerpo físico, que entonces tienen hambre de luz, de fuerza y de calor, hambre de los rayos del verdadero amor, de la luz del sol interno.

Radio Santec
José Vicente Cobo

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