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20 Feb

¡Vaya perreta!

Parece que el intenso frío de estos días hizo estragos entre las mentes calenturientas de este país. Quizás fuera la niebla la que colocó una nebulosa ante los ojos de algún inspirado y no le deja ver más allá de sus narices. Pudiera ser, incluso, la envidia, ese mal tan español que suele corroer el cerebro hasta dejarlo reducido al del tamaño de un mosquito. Pudieran ser viejas rencillas o tan sólo ganas de hacerse notar. Pudiera ser... ¡Quién sabe qué! Lo cierto es que, en estos tiempos borrascosos que nos ha tocado vivir, algunos, con una visión miope de la realidad, -probablemente, porque viven en otra galaxia- tratan de borrar del mapa Canal Telde, una radio municipal, alegando motivos económicos.

Puede que a algunos, como al buen Quijote, se les haya secado las entendederas.

Flaco favor se le hace al municipio cerrando una emisora propia. Está claro que quienes fomentan esa idea desconocen las enormes posibilidades que tiene la radio y aprecian muy poco la valía de sus vecinos y la propia idiosincrasia de un pueblo que nació siendo ciudad con una clara e insobornable vocación de futuro. Con la variada personalidad que tiene Telde, desde el mar a medianías y cumbre, entre colectivos juveniles, vecinales, musicales, deportivos, culturales, centros educativos y grupos varios; con la abundancia de actividades propias e individuales, con magníficas iniciativas demostradas y otras por venir, con historia e inquietudes, se puede hacer cualquier tipo de programas y actividades, que pueden ir desde el fomento de la lectura, pasando por informaciones de los barrios y orientaciones hacia los vecinos incluyendo propuestas que ahora no imaginamos.

Precisamente son en estos momentos de incertidumbre cuando se necesita una radio viva y capaz de ilusionar. Pero para que sea un eficaz vehículo transmisor de las inquietudes de sus gentes hay que dotarla de medios y conseguir que los profesionales -que me consta que los hay en Canal Telde, y muy buenos- no se sientan encorsetados y puedan disponer de material para realizar los directos, por ejemplo.

El problema de una emisora municipal surge cuando se tiñe de color político y comienza a utilizarse como arma arrojadiza, cuando desune a los vecinos y desprestigia al que no sigue las directrices marcadas por el que manda o tiene poder. Ese es el verdadero mal y, es, de esa forma, como se llega al descrédito y termina por morir lo que, seguramente, nació con una idea ilusionante.

Duele, que sin estudiar a fondo las posibilidades ni siquiera conocer los aspectos económicos, se lancen campanas al vuelo con ideas corrosivas y populistas sabiendo de antemano que son propuestas ganadas porque hoy la situación está jodida y los vecinos lo están pasando mal.

Y duele -y esta es una experiencia personal- cuando sabes que esta misma emisora ha contribuido -y puede seguir haciéndolo- a que unos chicos/as, - alumnos/as del que suscribe, para más señas- que jugaron a ser periodistas y locutores hoy están ejerciendo de profesionales de la radio, televisión y otros medios escritos. En este caso la emisora sirvió para algo y cumplió con creces uno de los objetivos que le vienen marcados como servicio público.

Ésta, la pedagógica, muy bien podría ser una de las múltiples aplicaciones que puede tener una emisora que depende del municipio. Simplemente, es una cuestión de amplitud de miras y ganas de servir al pueblo.

Radiomanía

Como una forma de expresar mi gratitud a la emisora ahora cuestionada, cuento, a grandes rasgos en qué consistió una de las experiencias llevada a cabo en ella por escolares del municipio:

Habíamos sido invitados por la dirección de Canal Telde para realizar un programa. Era noviembre de 1996 cuando comenzamos y, durante varios meses, los lunes de 6 a 7 de la tarde se emitió con el título de Radiomanía.

Los alumnos de segundo de la E.S.O., fueron los encargados de su elaboración. Se pidió voluntarios y se contó con todos los que quisieron participar. Nunca fue intención de seleccionar a los alumnos con menores capacidades para conseguir programas perfectos. A la hora de preparar un programa que va a ser oído en el exterior se cuestiona entre hacer un programa para "quedar bien" y demostrar la calidad educativa del centro o realmente hacer un programa que sirva para estimular el trabajo escolar en el aula. Esta última fue nuestra intención.

Una vez explicado por el profesor en qué consistía un programa de radio, su finalidad, formato, guiones, etc., los alumnos se dividieron en grupos. Todos intervenían en todo, preparaban, elaboraban, colaboraban y, finalmente, emitían. Casi la totalidad del programa era invento o iniciativa de los propios alumnos/as con una metodología activa en la que el profesor era animador, sugeridor de cosas y coordinador del guión final de intervención.

Una vez confeccionado el programa en el que pretendíamos desarrollar como objetivo general la expresión oral, lo leían y grababan en un radiocasete para escucharlo luego. Estos ensayos servían para que los alumnos y alumnas reconocieran su propia voz, y corrigieran si no les parecía correcta la entonación o vocalización.

Los primeros programas fueron grabados en Radio Nacional, donde el profesor colaboraba, ya que había que tener en cuenta que una hora de emisión suponía varias de grabación, por lo menos al principio, para ir corrigiendo la dicción, entonación, etc., y la emisora local no disponía de estudios ni técnicos que estuvieran libres, con lo que los alumnos y alumnas se desplazaban con el profesor a las Palmas de Gran Canaria.

Los chicos/as elaboraban los programas sin interferir para nada en el desarrollo de sus clases, lo que también era una forma de responsabilizarles con los compromisos que adquirían, ya que debían unirse, elaborar noticias, analizarlas, hacer entrevistas, etc., y acostumbrarlos a que emplearan su tiempo libre en actividades culturales.

Considero que la experiencia fue muy interesante ya que, además de un rico acercamiento de los alumnos a la radio, lo que implicaba perder el temor a hablar en público, se fueron acostumbrando a responsabilizarse de las propias opiniones. Mientras trabajaban en grupo observábamos como desarrollaban la capacidad crítica, cuidaban con más esmero la expresión y la comunicación, enriquecían su vocabulario y fomentaban la investigación y el análisis. En la propia emisión de los programas desarrollaban su capacidad de improvisación, la sensibilidad estética y musical, además, de implicarse en el entorno socio-cultural en el que se desenvolvían.

En el centro escolar se notaba un aumento del movimiento en la biblioteca. Con el tiempo, algunos de esos alumnos dirigieron sus pasos profesionales en este medio, y otros, alumnos y alumna, en la prensa escrita, algo que no se nos ocurrió que pudiera ocurrir y que, por supuesto, nos alegramos y nos sentimos satisfechos ya que lo que empezó como un juego para los chicos se convirtió en una salida profesional para los que quisieron seguir jugando a periodistas.

Luis Pérez Aguado

Modificado por última vez en Miércoles, 04 Abril 2012 15:35
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