Cuando una persona vive continuamente en la ley de la proyección, vive atrapada sin poder evolucionar ni crecer, no puede reconocerse a sí misma porque simplemente reprocha al otro lo que debería decirse a sí mismo. Las peleas, conflictos y reproches le acompañan constantemente, haciéndole la vida difícil, sí, incluso haciéndole enfermar.
Sin embargo hay quien se pregunta cuál es el paso a dar una vez que he llegado al punto de darme cuenta, de reconocer que me proyecto en los demás. Pues bien, el siguiente paso después de haber arremetido contra alguien descargando mi propia tensión o agresividad acumulada no es otro que el arrepentimiento. Sí me doy cuenta de que he arremetido contra mi prójimo, me puedo decir: "Lo tenía que haber dicho de otro modo. Lo podría haber dicho con más tranquilidad. Tal vez debería haber mirado más detenidamente lo que hay de fondo, es decir, haberlo purificado". Después ha de venir el pedir perdón a la persona afectada y también proponerme actuar de otro modo, dominar mejor mi vida para no volver a caer en un comportamiento parecido, ser más conciliador.
La clave no es decirme a mí mismo: "la próxima vez lo haré mejor". La clave reside en auto-cuestionarme, y para ello la mejor ayuda es la pregunta "por qué". ¿Por qué me he alterado tanto?, ¿Por qué no he sido capaz de escuchar esa vocecita que me avisa que estoy perdiendo las formas?, ¿Por qué lo he vuelto a hacer nuevamente tan mal? Si nos preguntamos a nosotros mismos el "por qué" en la conciencia de que en el interior podemos encontrar la ayuda, es decir el hilo que me ayude a seguir la pista de mí mismo, siempre encontraremos respuesta.
Teresa Antequera Cerverón