Los mensajes malintencionados y nefastos para nuestra economía y nuestro empleo, de que no se puede abrir la mano a la construcción de nueva planta alojativa porque entonces consumimos el importante suelo insular, carecen de fundamento y no atienden a la verdadera realidad, que no es otra que el suelo a utilizar es suelo ya calificado para uso turístico, por lo tanto no hay que tocar suelo nuevo, y que el impacto total del suelo turístico en las islas no llega al tres por ciento.
Es decir que con la falacia de que el turismo es una actividad depredadora de suelo, ¡quietos todos! Y aquí no se construye una cama más. El último ejemplo lo tenemos en la ley turística del Gobierno de Canarias, la 2/2013 y el posterior recurso por parte del Gobierno de España. Todo parado.
Pero, por si no fuera poco tener una rueda de nuestra locomotora económica, la construcción, pinchada, la otra, el turismo, se desinfla por momentos porque, por lo visto, no hay otra forma de orientar el modelo de explotación de nuestra principal industria que no sea a base de fomentar el "todo incluido", que ya llega a casi el cincuenta por ciento del total de las pernoctaciones.
Este sistema sí que es un verdadero depredador de autónomos pymes y emprendedores que estén ubicados fuera de los
establecimientos alojativos y por si ello fuera poco, nos conduce a
una situación de flujos económicos que se ha dado la vuelta y ahora
más del 65% de los ingresos generados por turismo en Canarias, se
quedan en el país de origen de los turistas.
La conclusión no puede ser más simple y la enunció el bueno de
Albert Einstein hace ya unos cuantos años: Si buscas resultados
distintos, no sigas haciendo lo mismo.
Háganle caso por favor.
José María Barrientos