El profesor y climatólogo Mojib Latif declaró que la situación alimenticia mundial se agudizará debido al cambio climático, y los indicios empiezan a concretarse. De hecho la cosecha de trigo se ha reducido en los últimos 50 años en un 5,5%. Según los datos publicados por el Instituto Internacional de Investigación para la Política Agraria y Alimenticia, para el año 2050 los rendimientos de la cosecha de trigo disminuirán un 23-27%; en cuanto al maíz la pérdida neta global en las últimas tres décadas se sitúa en un 3,8%. En el año 2010 se publicó un estudio sobre el cultivo del arroz en Asia, del que se desprende que en los últimos 25 años, y a consecuencia del aumento de temperaturas, se cosechó entre un 10-20% menos. Esto es tanto más grave en cuanto 2.500 millones de seres humanos tienen el arroz como la base de su alimentación.
Y aunque ya nadie duda de la repercusión negativa que el cambio climático tendrá sobre la alimentación, lo cierto es que la actual forma de alimentación repercute a su vez sobre el cambio climático. Coches, aviones y la industria son considerados como los principales causantes del cambio climático, también la bombilla tradicional, pero Mojib Latif sin embargo nombra un causante mayor: la ganadería. El 20% de las emisiones de metano a la atmósfera proviene de los 1.500 millones de reses que existen en el planeta y el metano contribuye a su vez en un 20% al calentamiento global, además otro dato al respecto es la destrucción de las selvas tropicales para cultivo de forraje.
Ya en 2006 la FAO publicó un estudio donde se decía que la producción cárnica contribuye al efecto invernadero en un 19%. Renunciar al filete diario sería un gran beneficio para la selva tropical, para el clima y también para los animales. Sin embargo no se augura ningún cambio fundamental. Para Mojib Latif el mal reside en la postura del ser humano: El problema es sencillamente que nuestra forma de pensar solo se refiere al aquí y ahora. Solo pensamos en nosotros mismos y no en las generaciones venideras, además hemos perdido el respeto a la naturaleza. El accidente nuclear de Fukushima fue una prueba de ello, pues esa central nuclear estaba construida para aguantar un terremoto de grado 8 y lo que tuvo lugar fue uno de grado 9. Además la ola que generó fue de 10 metros de altura, mucho mayor de lo que se pudo presuponer. Como científico considero que deberíamos volver a recuperar un poco de humildad ante la naturaleza.
Teresa Antequera Cerverón