Primeramente, una profunda experiencia de Dios y un pasión por el seguimiento de Jesús, un sentir con la iglesia y su misión, un amor y servicio al pueblo, con una honda sensibilidad y compromiso social. En este sentido, la espiritualidad y mística en la unión con el Dios que se nos revela en Jesús, con la naturaleza misionera del Evangelio,son la raíz de la identidad de la fe e iglesia.
Esta espiritualidad misionera, siguiendo a Jesús, se expresa en el servicio al Reino de Dios con su amor y justicia, en la caridad política que manifiesta la constitutiva dimensión social y pública de la fe. Es una espiritualidad que se hace compromiso con las personas y pueblos, con los pobres y excluídos, que promueve la vida, dignidad y derechos de los seres humanos. Una fe que quiere transformar y renovar la sociedad, las relaciones y estructuras sociales, políticas y económicas, la cultura y el mundo en la búsqueda del bien común y de la civilización del amor.
La iglesia existe para la misión en la celebración, anuncio y servicio del Evangelio, en comunión co-responsable de todos sus miembros con la diversidad de ministerios y carismas. Un servicio de la fe que, en la caridad, realiza la salvación transformadora y liberadora de todo mal, pecado e injusticia. En esta misión y servicio de la fe, tienen su vocación e identidad más específica los laicos, que se expresa en la transformación y gestión, más directa e inmediata, de las realidades del mundo. Tales como son la economía y el trabajo, la política y la cultura, etc. para que se vayan ajustando al Reino de Dios con su fraternidad solidaria, su paz y su justicia liberadora con los pobres.
Una fe crítica y liberadora de los ídolos del egoísmo, del poder y de la riqueza, del beneficio y del mercado convertidos en falsos dioses. Tal como impone hoy el neo-liberalismo que empobrece, oprime y excluye a las personas o pueblos. La iglesia, la familia y la humanidad con sus relaciones sociales, económicas y políticas están llamadas a reflejar al Dios Trinidad, su Misterio de Comunión y Solidaridad que es la entraña del mundo, es por excelencia el modelo comunitario y social. Los cristianos, familias y laicos en la misión e identidad de la iglesia son: sacramento de comunión del Dios Trinitario; escuela de amor solidario, sociabilidad y de virtudes éticas como son la caridad política, la justicia y el bien común que busca un mundo con más fraternidad y equidad.
De toda esta misión e identidad de la iglesia, de las familias y laicos al servicio del amor que se realiza en la justicia, es ejemplo y paradigma María. La mujer y creyente, la madre de Jesús, de la iglesia y de la humanidad. María, pobre y humilde, es modelo de la fe y del servicio liberador con los pobres, que se compromete en la búsqueda de una humanidad más fraterna. Terminamos este escrito dándole la gracias a Dios por la vida y ministerio de Poli, de su herencia y legado que aquí hemos tratado de proseguir y profundizar. Poli- esa es nuestra fe, oración y esperanza- ya disfruta en la iglesia triunfante y en la comunión de los santos, en la vida plena y eterna. Con el amor solidario hacia la iglesia militante y la humanidad, que peregrina al Reino de la tierra nueva y del cielo.
Descanse en Paz.
Agustín Ortega Cabrera
Licenciado en Teología, Doctor en Sociología