en el mercado local. Era más rentable que traerlos de fuera ya elaborados. Ya sabía entonces uno por qué se embotellaban bebidas de cola en Santa Cruz de la Palma, y cómo podía existir incluso una planta del refresco 'Nik' en Los Llanos de Aridane.
Claro, eso sucedía en los tiempos anteriores a la gran globalización neoliberal que empezó a expandirse desde los ochenta: el abaratamiento del transporte mundial de mercancías, la deslocalización a países con mano de obra cada vez más barata y la expansión del marketing (unidos también un poco a cierta expansión global de la estupidez) llevaron en poco tiempo a que tuviéramos en los supermercados y en todos los bares marcas de cerveza de lugares sorprendentes, a precios a menudo accesibles. Pero lo más importante de todo: Dorada (CCC) y La Tropical (SICAL), se fusionaron en una sola empresa, aún manteniendo las dos marcas tradicionales. Y esa empresa unificada, con sus dos marcas incluidas (cuando le conviene, el capitalismo global 'respeta' las identidades locales), fue absorbida por el grupo internacional SABMiller: la segunda compañía cervecera más importante del mundo, de matriz sudafricana pero con sede en Londres (y amplio dominio en los mercados de África, Europa Oriental, América del Sur y Norteamérica). Hoy en día, si bebes en Canarias marcas de cerveza importada, contribuyes a exportar capital a los países productores. Y si consumes marcas 'canarias' (como ésas que habían surgido en los años veinte y treinta del pasado siglo), ayudas a mantener unos cuantos cientos de puestos de trabajo en el Archipiélago —menos es nada—,pero terminas exportando también las plusvalías generadas por su producción y venta, que se lleva la transnacional de turno.
Fernando Sabaté.
Militante de Sí se puede