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17 May

¿HAY FRAUDE CIENTÍFICO EN LA GESTIÓN DE LA EMERGENCIA VOLCÁNICA EN LA PALMA?

Carl Sagan, en su libro El mundo y sus demonios, subtitulado La ciencia como una luz en la oscuridad, expone un excelente argumento para enfrentar la charlatanería pseudocientífica. Sobre todo, para desenmascarar los fraudes científicos, con pretensiones de valor intelectual. Y no hay mejor herramienta para ello que el uso extensivo del pensamiento crítico y del método científico. Ya sé que algunos, al leer esto, y sobre todo los que yo llamo científicos institucionales, estarán mascullando entre labios que la pseudociencia es lo que yo hago, con mis análisis y reflexiones sobre la gestión científica de los gases en Puerto Naos y La Bombilla. Sin embargo, aún no les he visto una línea escrita contraargumentado de manera razonada mis análisis. Y esto me resulta altamente me da idea de la talla moral de algunos científicos de salón que se creen mejores porque tienen más publicaciones científicas.


Quiero reivindicar la personalidad y la obra de Carl Sagan para trasladar un debate que, aunque polémico, invito a quien quiera, a entrar en el mismo. Sagan era un librepensador y un escéptico, y en eso, mi total admiración. Ese es el marco que me ha llevado a cuestionar de manera tan rotunda y sostenida la retórica cuasi científica de la gestión del post volcán, sobre todo, de las emisiones difusas de gases. Sagan tenía una frase extraordinaria: Afirmaciones extraordinarias requieren evidencias extraordinarias.
En mis escritos y en los dos informes que he elaborado sobre las emisiones difusas de gases en Puerto Naos y La Bombilla me he limitado a hacer análisis de los datos que publica el Cabildo, de los informes científicos del PEVOLCA y de instituciones como IGN e INVOLCAN, así como de las comunicaciones de expertos mundiales y, sobre todo, he tratado de contrastar lo que se sabe de las emisiones en otros lugares con investigaciones con relación a la exigua y baja calidad de la información que dan de Puerto Naos y La Bombilla. Incluso, pude leer con cierta satisfacción como Salud Pública en un informe del 25 de enero pasado, alertaba de manera indirecta, que no existía un sistema coordinado de medición de las emisiones, ni de la calidad y fiabilidad de los datos. El informe se atrevía incluso a mencionar que no hay un criterio único en cuanto a unidades.
Una de las cuestiones en las que más he estado insistiendo es en la retórica de los "gases letales" y en el "discurso del miedo" y en la banalidad de la clase política exculpándose de sus decisiones por los datos que les dicen los científicos. Si censuro toda esta gestión, mi pregunta sería, ¿a quién hay que culpar de tan nefasta gestión, a los políticos, con el consejero Julio Pérez y el presidente del Cabildo Mariano Zapata a la cabeza, o a los científicos del PEVOLCA? Sin duda a ambos. Mucho más, a la arbitrariedad de la clase política y las supuestas ilegalidades que cometen. De los científicos he cuestionado su ética y su falta de empatía con la sociedad del Valle de Aridane. Sin embargo, ahora voy más lejos. ¿No estarán cometiendo fraude los científicos del PEVOLCA?
Ante todo, quiero recordar que siempre se ha hablado de un gas, el dióxido de carbono. Presente en la atmósfera en un 380-410 ppm, es fundamental para la existencia de vida. Presente también, en un porcentaje mucho más variable, en lo suelos, consecuencia de la respiración de este. Hay más carbono en la biosfera que en la atmósfera, dando lugar a que se produzcan emisiones difusas, en este caso, de origen biogénico. Las concentraciones en el aire aumentan, por acción de la actividad humana. Ocurre por la propia respiración (la concentración de CO2 que exhalamos es de 50.000 ppm) y las combustiones. Y luego, como en Puerto Naos y en La Bombilla, y en muchos suelos de las islas volcánicamente activas, tenemos las emisiones difusas de origen hidrotermal y magmático. Todo esto ya lo he comentado, pero lo recuerdo, sobre todo, para romper los tabús y los mitos de la supuesta letalidad del CO2.
He dicho varias veces también que, con relación a las concentraciones peligrosas, hay que diferenciar bastante el interior del exterior. En viviendas y locales hay una legislación. En exteriores ninguna. Aquí es donde una y otra vez asistimos a un supuesto fraude, del que hay muchos cómplices en el Comité Científico del PEVOLCA. Informe tras informe, el PEVOLCA publica una tabla que denomina "Clasificación de los niveles de CO2 en el aire exterior", donde de 701 a 5.000 ppm lo considera "desfavorable". Para liberarse de tal falsedad, los informes siempre citan que es una propuesta de Salud Pública. ¿Falsedad, distorsión o fraude?
Entro en detalles de lo que es el fraude científico, para entender el fondo de mis argumentaciones. Hay básicamente dos tipos de fraude. Uno es la manipulación arbitraria de datos experimentales. Es el tipo más extendido debido a las presiones políticas o económicas. Y el otro es el plagio del trabajo de otros autores, es decir, la copia de experimentos o datos. Es muy difícil considerar, bajo estos conceptos si los científicos del IGN, IGME o INVOLCAN estén cometiendo fraude. Los dos primeros, más bien por el vacío de información, INVOLCAN, en cambio, que sí ha publicado comunicaciones sobre las emisiones difusas en Puerto Naos y La Bombilla, ha utilizado un servicio público para aparecer en congresos como el de Rotorua o el de EGU en Viena (Unión Europea de Geociencias).
Sin embargo, al considerar el fraude científico también hay que se considerar otros tipos menores. Se trata, por ejemplo, de la selección de los mejores datos mostrándolos como habituales, sin informar de todos los datos; o la omisión de citas intentando silenciar éxitos o datos más favorables a la causa, en este caso, a la vuelta a la vida en Puerto Naos y La Bombilla. Luego está el fraude de la explotación intelectual, significando con esto la apropiación de datos o descubrimientos que han sido realizados por un subalterno. Además, también existe el fraude debido a la búsqueda de la fama o prestigio, o la simple vanidad o ego.
Mi atrevimiento para usar la expresión fraude científico en el trabajo que hacen en la gestión del post volcán no puede quedar solo en las palabras. Es necesario aportar hechos y evidencias, como se hace en la ciencia. Es lo que he hecho en los dos informes presentados. Sin embargo, aún es necesario indagar en más evidencias probatorias de esta denuncia. Es urgente desentrañar y sacar a la luz toda la verdad, en este caso, porque se está haciendo un trabajo científico basado casi exclusivamente en medir concentraciones.
Nunca debemos olvidar que el trabajo científico que vienen realizando durante diecisiete meses midiendo concentraciones de CO2 en Puerto Naos y La Bombilla, como cualquier trabajo científico, debe estar basado en la verdad. Pero detrás de todos los datos hay personas humanas que están sometidas a presión, intereses, ambiciones, envidias, deseos, ideales..., como muchos humanos. En su mayoría, son datos que no ha formado parte de ninguna publicación, salvo las comunicaciones en congresos o charlas. Por ello, nunca han sido objeto de la revisión de pares ni de la presencia en revistas científicas de prestigio.
Para entrar en detalles, quiero analizar la información desde el 27 de abril hasta la fecha. En el caso de la información que aporta el IGN se limita mayormente a unas gráficas de concentraciones en exteriores con máximos y medios temporales, y datos en una tabla Excel que publica el Cabildo de La Palma con igual información. ¿Qué nos dicen estos datos? Analizando la información, usan gráficos que en el eje "x" exponen el tiempo cada seis días y en el eje "y" los promedios máximos de concentración de CO2 y los máximos diarios. La calidad de estas gráficas es muy dudosa. No informan con objetividad de si estamos o no ante valores preocupantes. En Puerto Naos solo dos balizan destacan en sus gráficas, con un promedio máximo, un solo día, de 140.000 ppm y 80.000 ppm, respectivamente. Realmente, una baliza, según se aprecia, localizada en Playa Chica es la que muestra valores altos. El resto, según IGN, 27 balizas exteriores, no ofrecen ningún valor que permita crear alarma. INVOLCAN no ha aportado públicamente ninguna información propia en los últimos quince días.
Si se contrasta con los datos que publica el Cabildo en una tabla Excel, solo hay una baliza (denominada número 53 (seguramente ubicada en Playa Chica), que muestra un valor alto. El resto, que no llegan a 30 balizas, y en algunos casos, menos balizas, muestran valores promedio inferiores a 5.000 ppm. Hay que destacar, según la tabla del Cabildo, que hay doce balizas geolocalizadas, sorprendentemente en el mar.
Y si luego contrastamos con el informe quincenal del PEVOLCA, la información de Puerto Naos y La Bombilla son cuatro párrafos, cuyo texto base es el siguiente: El promedio diario de la concentración de CO2 en el aire ambiente exterior/interior, a 30/40 cm del suelo hasta, en algunos casos, 200 cm del suelo, registrado por las estaciones localizadas en La Bombilla/Puerto Naos presenta un amplio rango de valores en los últimos 15 días, desde x ppm hasta y ppm. En este último caso, sin entrar en detalles, dice: entre 1.000 ppm hasta 50.000 ppm (exterior La Bombilla), entre 10.000 ppm hasta 60.000 ppm (interior La Bombilla), de 1.000 ppm hasta 120.000 ppm (exterior Puerto Naos) y 440 ppm hasta 60,000 ppm (interior Puerto Naos). Incluso se atreven a decir que han obtenido información de 92 balizas.
¿Cómo se puede calificar esta información para que el presidente del Cabildo siga prácticamente en la misma situación durante diecisiete meses? Sé que puede ser muy atrevido denominar a esto fraude, aunque mi valoración es que sí hay evidencias, por las siguientes razones:
• Se ofrecen datos experimentales de manera arbitraria en los informes, exponiendo un rango como algo indicativo para clasificar de desfavorable o extremadamente desfavorable. Expresar un máximo de 120.000, que pudo ser un día, en una sola baliza y en una situación que quizás duró segundos no ofrece ninguna garantía de fiabilidad.
• Dar datos máximos y promedios diarios no informa realmente como pauta para indicar peligrosidad. Hay que recordar que la normativa laboral en interiores siempre relaciona concentración y temporalidad (por ejemplo, 5.000 ppm durante ocho horas). En exteriores, esta información es arbitraria y poco relevante.
• No hay fiabilidad ni seguridad informativa que diga que tal vez se estén seleccionando los mejores datos (aquellos más altos que les permiten seguir, repitiendo informe tras informe, que por precaución no se puede acceder a los núcleos costeros.
• De la escasa información en comunicaciones, de la que solo se puede obtener resúmenes, hay una, con datos de La Bombilla que dice, en inglés: Observed soil CO2 efflux values ranged from <0.5 (detection limit) to 449,500 gm-2d-1 with a mean value of 513 gm-2d-1. Es decir, se está diciendo una monstruosidad cuando afirma que hay una detección límite por metro cuadrado diaria de 449.500 g, es decir, casi 450 kg de CO2 (hay que recordar que los ingleses utilizan la coma para expresar unidades de mil).
Toda la información recopilada con relación a las mediciones de concentración, y aquella que será solicitada, incluyendo datos de flujo y de la firma isotópica, formará parte de un expediente que conformará una demanda por posible fraude científico, instando a que se haga una evaluación científica lo más extensa posible; hecho este último que exige el principio de precaución. Son científicos y técnicos que no deben olvidar que sus decisiones están suponiendo un grave atentado a los derechos y libertades de muchas personas, que ven prohibido, sin fundamento, su acceso a vivir en sus viviendas de Puerto Naos y La Bombilla.

Francisco Rodríguez Pulido
Profesor jubilado. Licenciado en Química Orgánica y Pedagogía

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