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12 Jun

La ciencia que nos ayudará a volver a vivir en Puerto Naos y La Bombilla

Casi desde que se hizo público la existencia de emisiones difusas de gases en Puerto Naos y La Bombilla, he dedicado gran parte de mi tiempo a analizar todo lo que hay alrededor de este fenómeno. En primer lugar, valorando la información que aportaban las instituciones durante año y medio dedicadas fundamentalmente a medir concentraciones y flujos de CO2. Además, he tratado de leer numerosos artículos científicos referidos a investigaciones a lo largo del mundo sobre las emisiones de gases volcánicos, para tener mayor rigor en valorar lo que hace la ciencia institucional.


A resultas de todo ello, he publicado varios artículos y, de manera más detallada, un primer informe en noviembre de 2022 y un segundo en mayo de este año más exhaustivo, en el que hago una detallada valoración de la gestión científica e incluso política de la presencia de gases en la costa. INVOLCAN, en vez de centrarse en aportar soluciones y propuestas a un fenómeno que se eterniza, ha preferido responder a mi informe, solamente en aquellos puntos que citan a esta institución, una sociedad pública, que funciona gracias al dinero de las administraciones.
Por todo ello, ante las afirmaciones que INVOLCAN vierte sobre mi persona y sobre el mencionado informe, creo necesario y honesto hacer uso de réplica al "contrainforme". Principalmente, porque sí creo que hay una ciencia que nos garantizaría volver a vivir en los núcleos de la costa del Valle de Aridane. Ahora mismo INVOLCAN, IGN e IGME no son esa garantía. Como muestra, dicho "contrainforme" de INVOLCAN que prefiere hacer juicios a mi altruista colaboración.
Me acusan de desinformar y confundir a la ciudadanía, para luego desmenuzar informaciones de mi documento que consideran científicamente incorrectas. Pretenden menospreciar mis reflexiones y mis conocimientos sencillamente echándome en cara que sólo sea un licenciado en Química y, como dicen ellos, con "nulos conocimientos en gases volcánicos". Mi primera reacción, ante tales afirmaciones, sería recordarles el dicho español de que el "el hábito no hace al monje".
Ante todo, mi trabajo de comunicación e información se sustenta en el principio de la libertad de expresión y de opinión. Cuando quiero confrontar planteamientos científicos, INVOLCAN llama a esto, "atrevimiento y osadía de juzgar y etiquetar de fraude científico el trabajo de INVOLCAN". Por ejemplo, en mi informe nunca he mencionado la expresión "fraude". Solamente ha sido en un artículo de opinión. Mi máximo interés en todo el asunto de los gases es aportar soluciones, y para ello, no he dudado en valorar las carencias del trabajo científico con los gases.
El "contrainforme" evidencia una clara intencionalidad de descrédito personal. Yo no cuestiono sus conocimientos profesionales sobre Geoquímica, pero lo que sí les cuestiono ampliamente en que hacen gala de una carencia manifiesta de la Geoética y de los valores que representa la ciencia ciudadana. Quizás les molesta que un profesor de Secundaria y químico jubilado, sin recibir ningún euro, gastando dinero propio para adquirir detectores de gases, se haya enfrentado al escaso rigor que tiene su trabajo en Puerto Naos y La Bombilla.
Sin entrar en detalle en cada uno de los apartados del documento, los firmantes parecen heridos porque "pongo en duda la honorabilidad de la institución". De hecho, no entran en el debate sobre las propuestas que planteo para aportar más ciencia en el conocimiento de las emisiones difusas de gases, ni sobre las medidas de mitigación y control, compatible con la vuelta a Puerto Naos y La Bombilla, que creo, a mi juicio, que es posible y viable. Por ejemplo, en mi informe, y con la información disponible, y a partir de la evidencia de que no hay ninguna legislación sobre límites de letalidad de las concentraciones del CO2 en exteriores, entiendo que en la mayor parte del exterior de Puerto Naos y La Bombilla no existen problemas de letalidad. Irónicamente, se reiteran en la letalidad y, además se ponen la medalla al convertirse en el adalid de los salvadores de vidas humanas.
Para mí, lo más preocupante del documento de INVOLCAN es que refleja una falta absoluta de humildad y autocrítica. Algo que cualquier científico debería tener. Porque la ciencia ha crecido cuando es consciente de los errores cometidos. Por ejemplo, siguen considerando que las trampas alcalinas fueron una aportación valiosa. Desde mi criterio, no aportaron nada relevante. Y todavía siguen negándolo. ¿Qué artículos, que haya pasado la revisión de pares, se han publicado sobre la importancia de las trampas usadas en Puerto Naos? Yo nunca he puesto en duda el origen volcánico de los gases, ni los datos de la firma isotópica de carbono o la existencia de niveles altos de Helio. Al contrario, he hecho una reflexión que, de ser cierto, que estamos ante un origen hidrotermal magmático, estaríamos ante un problema de emisiones que puede durar décadas. INVOLCAN, cuando le preguntan sobre esto, prefiere no decir nada. Sencillamente, porque saben que de seguir así nunca será posible, si fuera por ellos, que se volviera a vivir en la costa del Valle.
INVOLCAN me sigue reprochando mis tesis sobre la influencia de la red de saneamiento y los pozos negros, pues en el informe no digo nada de las emisiones de los lodos. Lo que sí afirmo es que las redes y los pozos pueden ser vías recurrentes para el flujo de los gases, y para penetrar en las viviendas. Lo he podido comprobar en el alcantarillado, donde hay un nivel alto de emisiones. La realidad es que no se ha investigado en profundidad, o al menos, nunca se ha dado información sobre esta influencia. Una hipótesis en ciencia se analiza y se trata de demostrar. Ellos, como siempre, se quedan en la recogida de datos y un incompleto análisis de estos. Además, les sigo reprochando que los datos que aportan, a través de las redes, no son comprensibles para la gran mayoría de la población.
Sobre las medidas que han hecho en La Bombilla, yo solo quiero decirles una única cosa. Ahora mismo está viviendo gente en La Bombilla, y parece no preocuparles. Ahora mismo están demostrando en esas viviendas que, con medidores en mano, no hay límites incompatibles con la vida. Me reprochan que yo no sé nada de Salud Pública. Creo que son los menos indicados para decirlo. Porque nunca en sus datos ofrecen los parámetros que se necesitan para entender los efectos sobre la salud del CO2. Además de la concentración en volumen del gas es importante considerar la dispersión y, sobre todo, la permanencia temporal de dichas concentraciones. No se pueden tomar decisiones de habitabilidad en interiores sino tienen en cuenta el límite TWA (promedio ponderado en el tiempo), que es de 5.000 ppm en ocho horas. Nunca han dado los datos TWA ni siquiera STEL (límite de exposición en el corto tiempo) de sus mediciones.
INVOLCAN, e incluso IGN, pretenden dar lecciones de rigor científico. Sin embargo, la propia dirección general de Salud Pública les reprocha en los últimos informes, de 7 de febrero de 2023 y recientemente, el de 23 de mayo que, en las reuniones quincenales del Comité Científico, estas instituciones hagan una presentación de "una muestra sucesiva de imágenes entre las que se encuentran gráficos de líneas sobre niveles de CO2"; y que con estas imágenes y gráficos es imposible hacer una evaluación objetiva.
Aún más contundente Salud Pública llega a afirmar que "se desconoce si los organismos que realizan mediciones actualmente los han facilitado al Cabildo". El último informe de Salud Pública, que no tiene como base ningún estudio in situ, evidencia un choque entre este organismo y el presidente del Cabildo de La Palma. Así, Salud Pública da el carpetazo al anuncio electoralista de Mariano Zapata de abrir Los Lajones a siete familias. Todo este galimatías entres organismos públicos y científicos, en mi opinión, no hace sino exponer la banalidad con la que tratan una situación a la que, viendo los informes del comité científico, jamás querrán aportar soluciones.
No me preocupa que INVOLCAN me descalifique o llame a mis informes "relatos hechos con desconocimiento". Yo prefiero opinar, analizar la documentación científica y contrastar para buscar soluciones, no para ponerme medallas descalificando a las personas. No sólo yo les reprocho que la forma en que dan datos de emisiones y concentraciones no permite adoptar decisiones. Esto mismo se los ha reprochado Salud Pública. Porque INVOLCA e IGN toman datos y datos. Y Salud Pública, a pesar de la poca fiabilidad de la información in situ, advierte que con los datos que hay "la permanencia de personas las 24 horas del día, con los niveles de CO2 actuales en el aire ambiente, es contraria al criterio y juicio técnico y científico de la Dirección General". Una paradoja curiosa, pues Salud Pública afirma que no hay datos confiables y luego, a continuación, reprocha que es imposible vivir.
Salud Púbica nunca se han molestado en estudiar el impacto en la salud de las personas que trabajan o acuden a sus casas. Es más, se niega en rotundo, a la monitorización de parámetros clínicos o fisiológicos. Sin embargo, Salud Pública sí autorizó, en plena erupción, un estudio del impacto de los gases volcánicos en la salud de las personas, que afecta a 2.000 personas. Se trata del programa ASHES, desarrollado por un equipo interdisciplinar liderado por científicos del Instituto de Salud Carlos III. Son las paradojas de la clase política.
No voy a entrar con detalle en los diferentes puntos del "contrainforme" de INVOLCAN. Aunque no puedo obviar un comentario, donde los firmantes me reprochan que hago interpretaciones erróneas de diversas comunicaciones científicas, cuando la realidad es que no me corrigen con las interpretaciones que ellos no hacen. Sí quiero destacar un dato publicado en un abstract del Congreso de Viena, sobre un valor de flujo difuso de CO2 máximo de 449.500 g·m2·d-1 registrado en La Bombilla. ¡Media tonelada por metro cuadrado! Mi opinión es que esta cifra es errónea.
No puedo dejar de mencionar las referencias que hago de otros lugares del mundo con emisiones difusas de gases, como Furnas y Cava dei Selci en el área metropolitana de Roma. El "contrainforme" afirma que hago un análisis sesgado. En concreto, de una comunicación sobre el impacto en la salud de los gases en Cava dei Selci. Es cierto que no mencioné los detalles del impacto de las emanaciones de gases en un estudio en el interior de viviendas. Ni voy a negar que el estudio epidemiológico realizado concluye que hay un mayor riesgo de mortalidad por enfermedades que afectan el sistema nervioso central.
INVOLCAN se olvida de algo muy relevante, ya que en Cava dei Selci hay un problema que no existe en La Palma, las emisiones del Sulfuro de Dihidrógeno (H2S). Este último gas, vulgarmente llamado ácido sulfhídrico, ante una exposición a concentraciones bajas, de 100 ppm, puede causar irritación de los ojos, la nariz o la garganta. También puede causar dificultad para respirar en personas asmáticas. Las exposiciones breves a concentraciones altas de ácido sulfhídrico (más de 500 ppm) pueden producir pérdida del conocimiento.
Estoy convencido que la ciencia profesional e institucional, INVOLCAN, IGN e IGME, que ésta gestionando el post volcán Tajogaite, no será la que nos permita volver a vivir en Puerto Naos y La Bombilla. Ni es la que está ayudando a ello, después de un año y medio. Tampoco será la que nos facilite el volver a las coladas, a reconstruir nuestras fincas para aquellos que así lo desean o volver a recuperar los caminos y las propiedades. La ciencia que nos ayudará a volver debe sustentarse en los principios de la Geoética y la ciencia ciudadana. Ambas faltan en el trabajo de la ciencia profesional en La Palma.
La Geoética, según la definición recogida por la IAPG (Asociación Internacional para la Promoción de la Geoética), "es el estudio y la reflexión de los valores que apuntan a prácticas y comportamientos apropiados del ser humano donde sea que interactúen con el sistema Tierra desde un punto de vista ético y del comportamiento deontológico de los profesionales relacionados con las mismas". Y esto incluye a las prácticas que estudian la predicción y mitigación de riesgos volcánicos, como las emanaciones de gases.
La ciencia ciudadana pone en valor la participación de los públicos en la ciencia, y el reconocimiento de que fuera de las instituciones también se hace ciencia. Un ejemplo muy relevante de ciencia ciudadana fue la correspondencia de Charles Darwin –cerca de 15.000 cartas–, que mantuvo no sólo con eminentes eruditos sino con cientos de naturalistas autodidactas, que como él mismo compartieron con él datos y observaciones.
INVOLCAN e IGN nos han dado pruebas evidentes de falta de ética y de ciencia ciudadana. Contrariamente, en mi caso, cuando he tratado de aportar y reinvidicar más luz en la recogida de los datos de concentración, han expresado reproches, reservas y malestar. Recuerdo aquel encuentro el pasado 13 de septiembre del año pasado en el pabellón Camilo León. Desde entonces, ya no ha habido ningún otro encuentro público.
En aquel acto, cuando yo intervine, lo primero que dije es que ojalá aquella convocatoria hubiese sido para repartir estaciones automáticas a cada vivienda, que los vulcanólogos nos hubiesen explicado cómo se usan dichas estaciones. La respuesta a esta demanda fue el silencio, manifiestamente de la clase política. Hubiese sido una muestra de voluntad de usar la ciencia ciudadana.
En la reunión mantenida con Sergio Rodríguez, JARACO ha expuesto la experiencia y las mediciones, de más de un centenar de damnificados realizadas en distintos horarios del día, incluso en las noches, en varias viviendas de las zonas excluidas. En dicha reunión se expuso la necesidad de trabajar en equipo y llevara a cabo la vuelta a la vida y la recuperación de Puerto Naos y La Bombilla.
En definitiva, es ciencia ciudadana lo que se le ha expuesto al futuro presidente del Cabildo de La Palma. Se le ha pedido "claridad y comunicación con el propietario". Los datos de los vecinos en sus viviendas son necesarios y fundamentales, y deben ponerse en valor para la toma de decisiones. Además, el nuevo equipo de gobierno debe facilitar la realización de estudios alternativos, independientes, no vinculados exclusivamente a los vulcanólogos. Se necesita un equipo interdisciplinar, de médicos, físicos y químicos, que puedan hacer un diagnóstico que permita garantizar la vuelta a la vida en Puerto Naos y La Bombilla.

Francisco Rodríguez Pulido

Profesor jubilado. Licenciado en Química Orgánica y Pedagogía.

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