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LA DEJADEZ POLÍTICA
Las Charcas de San Lorenzo, el barranco de Tamaraceite, la Cueva de Los Canarios, las Baterías de San Juan, el Castillo de San Francisco, el Aula de la Naturaleza del Guiniguada, la playa de El Confital..., y así podría continuar relatando el abandono que sufre tantas zonas de nuestro municipio. Una dejadez totalmente política que está provocando que nuestra ciudad sea cada vez más gris, sucia y descuidada.
Las Palmas de Gran Canaria ante el impacto del cambio climático
El cambio climático es una realidad científica demostrada y, aunque muchos lo vean como algo muy lejano, las consecuencias se llevan viendo desde hace años en nuestro municipio: la subida del nivel del mar, el incremento de la temperatura, incluyendo el efecto isla térmica, la ausencia de precipitaciones, la llegada de calimas, etc. Estas consecuencias alterarán el concepto de ciudad que tenemos ahora y es necesario que pongamos los mecanismos pertinentes para que Las Palmas de Gran Canaria pueda combatir dichos cambios con la suficiente antelación que asegure el desarrollo sostenible de la ciudad, la seguridad de las instalaciones y sobre todo, de las personas.
¿Qué nos ocultas Alcalde?
Curiosidades de la vida: el Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria presenta recurso al auto judicial que pretende enviar toda la documentación de la pieza separada del caso Emalsa al Tribunal de Cuentas para su fiscalización.
Les cuento. En octubre de 2016 presenté una denuncia ante la Fiscalía de Delitos Económicos por un posible delito de administración desleal contra los, en aquel entonces, 15 concejales de gobierno que votaron sí a un expediente de modificación de crédito por más de 14 millones para el pago de una sentencia en firme que obligaba al ayuntamiento a pagar algo más de 6 millones a Emalsa por facturas de saneamiento. Esta denuncia fue aceptada como pieza separada a la que ya estaba abierta contra 15 consejeros de la entidad.
"Las Palmas de Gran Canaria: ¡Qué no pare la música!"
Como todos, yo también tengo algunas habilidades; incluso puedo decir que soy buena en alguna de ellas. Lo que no tengo es ninguna habilidad para la música: no canto, berreo. Recuerdo un campamento de verano al que me enviaron mis padres, y en el que me apunté en el coro musical, el único instrumento que me dejaron tocar era una botella de anís con un palito y, así y todo, desafinaba.
Pero me gusta la música. Mientras conduzco siempre voy escuchando una emisora musical y, cuando pinchan una canción que me conozco, canto y canto como las locas, ¡si voy sola claro!