Por su peligrosidad se construyó el Aeropuerto del Sur (los vasallos lo llaman Reina Sofía) e, ilógicamente, se mantuvo operativo el de Los Rodeos. Y sigue abierto algunos días, cuándo no hay niebla, viento o lluvia. O escasa visibilidad. Lo que significa que los vuelos que intentan aterrizar en el Norte tienen que desviarse al Sur o a Gando, lo que da una pésima imagen de Tenerife que – de momento – vive de los visitantes que no se explican que no haya sol en la isla. Y sigue abierto.
Un lujo para un territorio de poco más de dos mil kilómetros que no se debe admitir y menos ahora que asistimos, resignados, a contemplar el retroceso en décadas en todos los sentidos, ahorrando (...) en los sectores indispensables para la dignidad de las personas honradas. Las otras (la golfería rica) ya tienen su vejez cubierta, hasta la libertad que se paga con el dinero robado. Algo inexplicable, pero que podría entender hasta el presidente del Tribunal Supremo que le encanta pasar largos fines de semana en la ex colonia (fos) de Jesús Gil y sus votantes. Un síntoma de buen gusto.
Pues el Aeropuerto de Los Rodeos se cierra con frecuencia. Y luego de abre cuando el tiempo lo permite. Y habría que cerrarlo definitivamente al tráfico comercial. Repetimos: el aeropuerto de Los Rodeos hay que cerrarlo y aprovechar las instalaciones para otros fines que nada tengan que ver con el turismo, por ejemplo. Y que no se molesten los del área metropolitana y de ese norte porque las distancias son cortas, menos para mi y mis convecinos a los que siempre nos ha costado más vivir (doscientos kilómetros ida y vuelta a Santa Cruz, al médico, verbigracia. Y desde siempre) Y, encima – nunca mejor dicho – para ir en avión a una isla que vemos enfrente hay que recorrer la nuestra por tierra para volar al revés. Parece un chiste. Y nunca hemos reivindicado la triple insularidad que es el vivir en una isla dentro de la isla.
Luego está el coste que supone mantener un aeródromo que no sirve. Mucho más que los recortes en sanidad y en educación. Y del No-Hospital me olvido porque es una poca (...) vergüenza. O mucha.
Y como esta crónica es seca, fría y alejada de la literatura, repito que lo lógico y económico sería cerrar ya el aeropuerto del Norte Los Rodeos. Y dedicar todos los esfuerzos posibles para que el del Sur tenga categoría de verdad. Con uno basta. Dos es demasiado.
Termino, por ahora: cerrar el aeropuerto de Los Rodeos después que los asesores de la nada hayan informado de su viabilidad y que los doctos economistas apoyen o me lleven la contraria. Estoy dispuesto, modestamente, a debatir lo que surja sobre un tema nublado y oscuro, pero que está ahí, dónde está casi todo. Y hay días en que luce el sol.