De todos es sabido y de muchísimos padecido, las injusticias que se padecen en Canarias, en España y en Europa, amparada toda esta criminalidad sobre los pueblos por un régimen diseñado para que nadie lo pueda mover ni cambiar. Si miramos detenidamente los ejemplos de Grecia, Portugal, España... no podemos obviar que, aún votando a representantes políticos con aparentes ideologías antagónicas, todos terminan al servicio, no del pueblo que los elige para que defienda sus intereses, sino de los grupos mafiosos arriba mencionados, ya que son los que les marca la política a seguir, lógicamente a cambio de privilegios: de ahí toda la corrupción institucional. El Sistema está perfectamente blindado para que nadie que participe de él se salga de la fila, pues tenemos como ejemplo al Juez Silva que, o traga con la corrupción o es víctima de ella.
No estamos ante un problema ideológico o de partidos. Los electos por el pueblo, inexorablemente perderán esos principios que dicen defender en campaña electoral, desde el primer momento que empiezan a formar parte del Sistema: se convertirán en sus gestores. Observando y analizando que el Régimen no se puede cambiar desde dentro, que con él no se puede combatir de forma limpia ni honorable a través de las urnas ni de las instituciones llamadas democráticas, esto es, si queremos un futuro mejor para las venideras generaciones hay que derribarlo. La única forma de abatir un Sistema tiránico que se ha podrido hasta la médula y no tiene vuelta atrás, es delegitimándolo: no autorizarlo con tu voto o participación. Por eso, los imperiosos llamados de los partidos a la participación, aunque sea en blanco o nulo –hasta los muertos a veces votan– porque conocen a la perfección que nuestro voto es la firma que les autoriza sus fechorías.
Hay quienes dicen alegremente que la abstención obedece a una actitud de desinterés, comodidad o anomía, cuando abstencionistas conscientes quizás hayan más de lo que se creen. Yo también puedo decir y casi constatar, que la mayoría de los votantes lo hacen por manipulación y sin conciencia alguna de sus actos, pues no se puede concebir que quienes ayer votaron a la "izquierda" después lo hagan a la derecha sin la mínima reflexión. En lo práctico, el gran aparato de propaganda está en manos del Sistema y es más probable que éste influya sobre los participantes que sobre los abstencionistas. Sé que hay mucho miedo a la abstención porque la clase política al servicio del capitalismo ha perdido toda la credibilidad. Esto es en términos generales.
Particularmente en Canarias, el hecho de participar en estas u otras elecciones no sólo nos va a seguir eternizando esta vida de esclavitud física y moral, sino que, además de estar legitimando un colonialismo abusador impuesto por España, también se hace con el neocolonialismo europeo que nos llama eufemísticamente RUP (Región Ultra Periférica). Por la parte que me toca, es doloroso ver cómo algunos grupos denominados independentistas se presentan a estas elecciones, pasando rápidamente de "soberanistas" a ultraperiféricos. El destino y la libertad de Canarias, nuestra independencia y soberanía nacional, no se alcanza precisamente en el marco europeo, ya que somos una colonia: un territorio extralimitáneo de España y con un enclave geográfico axiomático en África. Nuestro derecho a la soberanía se demanda en el marco de las Naciones Unidas y en otros estamentos internacionales, que no es precisamente la metrópoli. Por todo lo dicho, de forma democrática, le pido a mi pueblo la abstención. No votes.
Isidro Santana León