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07 Oct

Concondancia con Víctor Ramírez (3)

Avísalos, por favor. Diles que necesitan ustedes, los independentistas, practicar tozudamente la heroicidad de lo cotidiano.
Ya te he dicho que no pueden fallar nunca, que las únicas armas que tienen ustedes son el conocimiento ideológico ejemplar, la honradez cotidiana ejemplar y una valentía humilde ejemplar. Las demás armas, las de poder matar impunemente y las de corromper y las de humillar e ignorantar, son de ellos: quienes las utilizan implacable e inmisericordemente siempre que precisen.


Conozco y conoces, compay Ramírez, a personas concretas y a humildes empresas que se han sentido desilusionadas con el comportamiento individual o profesional de algunos significados independentistas oficiales. Las conocemos.
Eso hace muchísimo e irreversible daño a la labor emancipadora que decimos defender. Diles que cuiden el comportamiento, aconséjales que éste siempre sea lo más irreprochable posible.
Y a nivel militante político hay que acabar urgentemente con las fundadas sospechas de que existen ustedes como simples instrumentos policiales españoles contra la posibilidad concreta de la emancipación real de Canarias.
Diles que solamente se anularán esas sospechas si se unen todos los independentistas en un solo partido, sí, en un solo partido. (Maceo, a los políticos cubanos nacionalistas que se peleaban entre sí, les insistía: primero la independencia, primero la independencia; lo otro -las disputas ideológicas y personalistas- que espere).
Pues mientras ustedes no se unan, mientras existan esos odios mezquinos entre componentes de las tantas y minúsculas organizaciones independentistas actuales, sólo se favorecerá la perpetuación colonial de nuestra pobre Patria.

20-abril-1994

Siento tener que decir, amigo Víctor, y a mucho pesar, que a quien hay que advertir hoy no es a los que conocemos como independentistas oficiales, sino hablarle a la juventud que tiene el ideal –así como a nuestro pueblo– de lo que los susodichos son y de su juego colonialista. Desgraciadamente no hay heroicidad cotidiana, son 20 años en las catacumbas, escondidos ante los grandes acontecimientos que han amenazado y pisoteado a nuestra patria, y que los pocos actos que llevan a cabo son estériles escaramuzas de apariencia revolucionaria e insustancial resultados: forma táctica para justificar su no complicidad en el colonialismo endógeno. Por desgracia, no es que se falle, es que se trabaja en contra de la unidad nacional y del gran proyecto que pueda vertebrar esta cohesión. El conocimiento ideológico se convirtió en el folklorismo actual, que, como ya advertí en un artículo anterior, es la forma de hacer creer a quien opta por educarse como un verdadero militante, que ésa es la vía de la liberación nacional. Las armas, amigo Víctor, esas que mencionas arriba: las de matar impunemente, las de corromper, las de humillar e ignorantar... son las de ellos... ¿pero quiénes son ellos? Ya no es la policía de gris, ya no es la policía social, los tiempos han pasado y la corrupción lo ha corrompido todo con el pudridor dinero dejando en la cabeza intelectual de la nueva gendarmería sutil, secreta y camuflada, a una laya llamada "independentista" capaz de condicionar, agrupar, enfrentar y disipar cualquier intento de unidad dignificadora y consciente en los engañados y voluntariosos patriotas. ¿Y quién no se desilusiona con lo que ve, amigo Víctor, que pequeña empresa, hombre de principios u otras organizaciones sensibles con nuestro problema se la va a jugar con este lumpen revestido de independentista? No hay labor para la dignificación, todo lo contrario: hay un colaboracionismo pudridor y subrepticio anquilosando el proceso con miles de reuniones, pero que, en lo práctico, no pasan a la acción política directa ni, siquiera, con la pluma. Cuando los hombres aceptan sobornos, aunque de revolucionarios se jacten, ya su comportamiento no es el mismo, ya son parte del juego del sistema y jamás esperemos, de quienes tienen aspiraciones al margen de la liberación nacional y de la libertad de nuestro pueblo, un mínimo de dignidad, decoro o comportamiento irreprochable; más bien hemos visto todo lo contrario durante estos años: acciones reprobables, connivencias contranatura y lo de la lucha emancipadora, es sólo una estrategia colonial porque no hay mejor forma de combatir el independentismo sino estando dentro de él. En esta colonia, no le es rentable ni le interesa a la metrópoli –por las repercusiones internacionales que pueda tener– una lucha política frontal con el independentismo, pues, dado nuestros evidentes derechos de pueblo, la potencia colonial perdería, con muchas probabilidades, la posesión; por ello, estrangulan el movimiento desde dentro, los unen en cuanto a algunos actos simbólicos y folklóricos para, de paso, justificar su falsa democracia aduciendo que el independentismo también tiene cabida en su sistema. Creo que ya no se trata de acabar con fundadas sospechas de que existen ellos como simples instrumentos policiales españoles contra la posibilidad de la emancipación real de Canarias: el tiempo, la inacción y los chanchullos han demostrado que son el sistema colonialista metido en las entrañas. Jamás se logrará la unidad del independentismo genuino, a no ser que estos topos salgan de la falsa estructura creada por el colonialismo, por supuesto, empujados por una militancia consciente y patriota que no anteponga sus intereses personales a los de Canarias, que somos todos. Si así no fuere, échenle 600 años más de colonialismo sobre nuestra sometida nación y el potencial deterioro de nuestro pueblo.

Isidro Santana León

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