Mariano Rajoy parece haber tocado techo electoral y Pedro Sánchez, pasado de retórica y de catecismo vacuo, no convence y tiene demasiados enemigos en su propia casa. Ambos parecen estar en un callejón sin salida o próximos a un abismo.
El Presidente en Funciones en su rigor jurídico parece que aburre al electorado y el furor dialéctico de Pedro Sánchez solo convence a los suyos, bando en el que cada día hay más y más deserciones.
Las alternativas de Podemos transmiten al menos preocupación en la sociedad que parece no tener entusiasmo alguno en cambios drásticos.
Me da la impresión de que el bien común aconseja un relevo generacional inmediato que traiga nuevas ideas pero de personas con rodaje y que generen confianza entre la población.
El panorama tiende a complicarse y emponzoñarse, unas nuevas elecciones no son deseables y son malas para todos, pero todos están contra el Partido Popular, un extraño elemento cohesionador que conlleva a poco deseables compañeros de cama de dudosa fidelidad y previsible y tormentoso divorcio a plazo cierto.
El Partido Popular ganó, pero no ganó del todo. El Partido Socialista perdió, pero no perdió del todo. Solo sabemos que los dos lo pueden perder todo.
Juan Carlos Cárdenes