Con su poder económico montan, controlan y manipulan los medios de comunicación y financian las campañas publicitarias de los partidos afines, gastando lo necesario para asegurarse que los cargos públicos sean favorables a sus fines.
En oposición a esta lacra social que vive de parasitar al pueblo trabajador siempre han existido organizaciones políticas de izquierda, carentes de capacidad económica o militante para contrarrestar al poder (generando una base social suficiente para producir el cambio), o silenciadas con la represión cuando sus logros han puesto en peligro los intereses de la minoría explotadora. Estas organizaciones de izquierda y las personas que las forman, como es el caso de Alternativa Nacionalista Canaria (ANC) y sus miembros, no se merecen una comparación o igualación con los mismos contra los que luchan dedicando parte de su tiempo y esfuerzos, y además sin recibir ninguna retribución económica a cambio.
Lo más grave es que esta generalización en la que personas de a pie de calle caen se produce por el simple hecho de participar activamente en la política. Nos han querido hacer ver que la política se trata de algo exclusivo de los "políticos profesionales", como si por el simple hecho de meter una papeleta en una urna cada cuatro años nos desvinculara totalmente de las decisiones que nos conciernen a todos, y hasta ahí nuestra responsabilidad. Nada más lejos de la realidad, la política en una verdadera democracia es asunto en el que todos los habitantes pueden y deben participar, porque ya sea por activa o pasiva nos afecta a todos.
Por un lado la pasividad solo favorece la privatización de la política y la posibilidad de que en dictaduras como en la que vivimos se actúe totalmente en contra de los intereses de la mayoría del pueblo. En cambio la actividad política, el que todos seamos políticos, sin duda, es lo que más jodería a los que juegan con nuestras vidas, pues es el camino de la pérdida de sus privilegios.
Jesús Arvelo, miembro de ANC.