Al alma también le es posible interrumpir por sí misma su camino de peregrinaje directo para ir de nuevo a una encarnación, a un nuevo nacimiento como ser humano, pues todo ser humano, toda alma tiene el libre albedrío. Por consiguiente toda persona determina por sí misma su evolución en base a su conducta a favor o en contra de la ley cósmica eternamente universal, que es la vida, y también el desarrollo de su alma. Todos los detalles que están contra la ley cósmica, contra la vida, cargan el alma de cada cual, pero también su cuerpo físico. De ello de derivan golpes del destino, necesidades y enfermedades, según sea la intensidad de las culpas.
Pero por encima de todo está la misericordia de Dios que dice: «Aprovecha el instante. Aprovecha el día, y reconoce tus formas de comportamiento, arrepiéntete de ellas y purifícalas, repara lo que aún es posible y en adelante no repitas nada igual o parecido». Esto vale para los contenidos de todos nuestros sentimientos, pensamientos, palabras y obras, para todos los deseos dañinos como vicios, explotación, violación, e incluso del querer aprovecharse de los demás.
Mª José Navarro