Su enseñanza de la paz, de la unidad, del amor, de la reconciliación, es predicada de vez en cuando en las Iglesias, pero en primer plano están los dogmas, los ritos, los sacramentos, toda la enseñanza eclesiástica como tal. Pero Jesús de Nazaret nunca fundó una iglesia de piedra, jamás habló de dogmas, ni tampoco de sacramentos, Él no nombró curas, obispos o cardenales, pues Él fue un hombre del pueblo y no un hombre de iglesia. No obstante los dogmas se han adornado con las enseñanzas de Jesús, mezclándose de tal forma que para muchos creyentes es muy dificil distinguir qué es qué, es decir, qué es cristiano y qué es catolico.
Jesús de Nazaret también nos enseñó la reconciliación y la paz. Él, el príncipe de la paz, dijo: «Envaina tu espada, pues quien a espada mata, a espada muere» (Mt 26, 52) ¿Y que sucede en la actualidad? Las enseñanzas de Jesús de Nazaret que son la Buena Nueva del amor de Dios, de la paz y de la unidad, no han sido llevadas realmente al mundo por la Iglesia, sino que sus representantes han traído todo lo contrario, infundiendo miedo y horrores, lo que hoy día todavía es así. Pensemos en el mensaje amenazador de la condenación eterna, en el infierno, en los pecados mortales, en los anatemas, en las excomuniones y en las guerras santas. Todo esto ha creado a lo largo de generaciones la imagen de un dios castigador, que nada tiene que ver con el verdadero Dios del amor y de la misericordia. De una forma simbólica Jesús vuelve a ser crucificado a cada momento.
Mª José Navarro