Al principio, con Chávez, fue un poco más sencillo, el boom petrolero más alto y sostenido de la historia permitió hilvanar el populismo más salvaje jamás visto. Con Maduro, la quiebra de la petrolera estatal por corrupción y desidia no dejó otra opción que la violencia atroz institucionalizada, prácticamente la única vía de retención del poder, tanto que la Corte Penal Internacional adelanta una investigación por crímenes de Lesa Humanidad a toda la esfera chavista, incluyendo Maduro.
Fue un plan finamente elaborado de destrucción masiva de todo lo que la democracia construyó, no se salvo nada, ni la infraestructura, ni la política, ni la economía ni, por supuesto, lo social, allí queríamos llegar.
Al igual se hizo en la Alemania nazi, en la Italia fascista, en la Cuba castrista, en Venezuela se cultivó "estratégicamente" un tejido social fulminantemente violento, los llamados colectivos armados, además de un hampa impune que nada tienen que ver con nuestra venezolanidad, nuestra forma de ser.
Ese tejido fue preparado por el régimen cubano, guerrilla colombiana, chavismo, entre otras hiervas similares, para amedrentar a los venezolanos y posteriormente fue enviado al mundo para desestabilizar las democracias, robar, matar, generar caos, a fin de abrirle paso a los candidatos de izquierda. Lo cierto de todo esto es que son gente formada para ese fin, para delinquir y destruir, en su mayoría, aunque tengan cédula nuestra, no son venezolanos.
Los venezolanos pedimos al mundo sepan diferenciar, somos gente alegre y trabajadora, no nos confundan con ese nuevo estereotipo prefabricado que deploramos al igual que ustedes. @leandrotango
Lic. Leandro Rodríguez Linárez
(Politólogo)