representan la única opción para unas buenas decenas de miles de familias de gestionar de manera correcta determinado tipo de residuos (o supuestamente 'correcta' porque vaya usted a saber qué hace el Cabildo después con eso que nosotros nos molestamos en separar) y de ahí que en su momento llegáramos a organizar hasta el concurso 'adivina donde está este punto limpio' que tuvo ganador siete años después de que lo planteáramos. Y es que ante tanta desidia, francamente, es mejor tomárselo a cachondeo porque peor fue el golpe del punto limpio de El Chorrillo (gemelo del de Jagua y que salió en el mismo paquete en un pliego de 1996), donde el Gobierno de Canarias se gastó una pasta gansa que pidió a Europa (medio millón de euros de 1997sin contar el solar) para no sólo no llegarlo a abrir nunca sino para cargárselo años después nadie sabe exactamente porqué, aunque justo por las inmediaciones pasó posteriormente la primera fase (y probablemente la última) de la malograda vía exterior y se ve que alguien consideró que aquellos terrenos eran propicios para otro uso más rentable desde el punto de vista urbanístico, máxime si tenemos en cuenta de que estamos hablando de los dominios de Zerolo en la época que se fraguó el pelotazo de Las Teresitas y los especuladores estaban que se salían. ¿Conoce usted que alguien haya asumido la más mínima responsabilidad ante semejante latrocinio con un punto limpio que estuvo años anunciado por el Gobierno de Canarias en la web de Medio Ambiente pero que jamás abrió sus puertas al público entre otras cosas porque carecía de entrada? Pues mejor hacer como hacen habitualmente los fiscales: mirar respetuosamente para otro lado mientras cuatro golfos arramplan por las perritas públicas de esta manera tan burda e indecente.
Y no es de extrañar que dentro de este despropósito general, donde si usted va al punto limpio de Taco se encuentra con unos señores que gustosamente se lo llevan casi todo antes de cruzar la puerta de la instalación, el entorno del punto limpio de Jagua se ha convertido de unos meses a esta parte en un gigantesco vertedero donde la gente deposita de todo por motivos diversos. Desde porque llegas hasta allí y no te crees que te tengas que meter por esa carretera destrozada para llegar al punto limpio (con un coche bajo no pasar por ahí ni de coña) hasta que te rechazaron la carga por cualquier motivo (generalmente estúpido) o te lo encontraste cerrado, razones varias (todas ellas injustificables de todo punto de vista) son las que llevan al personal a depositar la basura en lo que ya se ha convertido en uno de los vertederos incontrolados más importantes de la Isla de Tenerife y sin duda de Santa Cruz, una imagen que parecía borrada definitivamente de la memoria de los chicharreros desde hace ya varias décadas y que pareciera que el Ayuntamiento se resiste a controlar con los medios varios a su alcance. Los medios y la responsabilidad, que básicamente por eso es por lo que se supone que se levantan una pasta gansa de nuestros impuestos en unos salarios especialmente desproporcionados para los tiempos que corren.
Porque hombre, no es por nada, ya que llamamos a eso 'punto limpio' y que de alguna manera (totalmente insuficiente por lo que se ve) se invita a los ciudadanos a hacer un esfuerzo y trasladarse hasta ese recóndito lugar para depositar sus residuos más tóxicos y/o más fácilmente reciclables -incluso con valor económico que nadie te va a compensar como han demostrado los recuperadores de Las Torres de Taco- lo mínimo que se despacha es el no mantener ese acceso en esas condiciones no tanto por razones de salubridad (que a estas alturas ya también) sino porque no parece el mejor saludo o carta de presentación de cara a los ciudadanos realmente conscientes, que ya les digo yo que la 'concienciación' llega al extremo de que algunos piensan que lo del punto limpio consiste en depositar los residuos al borde de la carretera sin más, que se trasladan a ese sitio tan perdido en el convencimiento de que es importante colaborar en una mejor gestión de los residuos. Convencimiento ciudadano, por cierto, cada día más en precario fruto de una desidia institucional que oculta generalmente detrás de carísimas campañas publicitarias sin el menor sentido cuando, por otro lado, no se ofrecen alternativas razonables para favorecer la participación ciudadana, imprescindible en tantos y tantos campos pero totalmente fundamental en materia de gestión sensata de los residuos.










