Viernes, 20 de Septiembre 2019 

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13 Dic

Acaba de morir en Santa Cruz don Antonio Cubillo Ferreira, líder de un sector que defendía (...) la independencia de Canarias y que este archipiélago pudiera ser un estado que se manejara solo. Utópico, pero que en su momento estuvo cerca de hacerse realidad. No ocurrió porque desde la conquista siempre hubo traidores. Y adulones, vigentes aún.

Hay bibliografía de sobra para el curioso que quiera saber algo del personaje que nos ocupa, por lo que no voy a añadir nada que no se sepa. Aunque sí, recordar alguna que otra conversación que mantuvimos – Cubillo y yo – en la radio, con entera libertad. De aquel diálogo discrepamos en la táctica, de la africanidad de Canarias, del no presentarse a las elecciones (españolas, decía Cubillo) y de la música que ambos preferíamos; a don Antonio le gustaba Nabucco y La Marsellesa y yo le decía que ambos era música cuasi militar y que el primero un coro de esclavos y el himno nacional francés se correspondía con guerreros del Rin. O sea. El resto lo recuerdo con grata sensación.

Y escribo ahora cuando aún el cadáver de Cubillo está sin enterrar y los canarios más pendientes y preocupados por la lesión (una frivolidad, lo reconozco) de un futbolista que juega en la liga española – una mafia consentida y arruinada -, o de que, todavía, el cajero automático y frío, expulse los billetes necesarios para la supervivencia, muchos de ellos nacionalistas de boquilla y el resto, más españoles que uno de Valladolid, o de dos o tres. La paella valenciana es lo más típico de Canarias para las celebraciones, y el ya obsoleto arroz amarillo (una franja de la bandera) es raro encontrarlo en la imaginativa cocina de la actualidad.

Lo que me produce verdadera pena (y asco) es que los virreyes de la más negra y servil de las Españas todas hablen mal del que acaba de morir que, con sus errores, supo moverse, sólo, más que todos los que conforman la nómina (...) de la política, la empresa y la sociedad actual. Infinitamente más: ahora se regresa a la esclavitud con teléfono móvil; y algo parecido a la nada.

Se critica, sin rubor, a Cubillo como un terrorista porque puso unos petardos o que fue el causante indirecto de la mayor tragedia de la aviación civil, Los Rodeos en el terrible año de 1977, que se produjo porque ese aeropuerto sigue abierto en el peor solar de la isla, la única que se permite el lujo de tener dos aeródromos, antes y ahora. Y se olvidan, esos vasallos que son más godos que los godos que, oh paradoja, nos gobiernan (alemanas, verbigracia) y son godos. Y me da vergüenza como canario esa saña sin justificación, porque terrorismo es lo que ahora y mañana estamos contemplando: dejar sin casa a la gente honrada por falta de pago es terrorismo cruel; que sigan sueltos los ladrones es terrorismo de cuello y corbata; que don Zoria sea ministro de todo lo que es – mucha jaula pa un, presunto, pájaro cagón – y ex de todo lo que ha sido, es un fallo del sistema y, presuntamente, un vasallaje muy cercano a la justificación de la tortura; que ya se haya olvidado el caso de Díaz Ferrán y sus albaceas aquí, es terrorismo; que Bankia expulse y eche al paro a cinco mil de sus empleados es un escándalo muy cercano a las armas de destrucción masiva y que esta estafa se publicite en los medios es de juicio sumarísimo; que haya esclavos del Cristo es una entelequia y que el obispo pontifique (...) sobre el aborto es terrorismo vaticano o cara dura que es lo mismo, etc.

Y que se le permita a la cúpula del nazismo insular (votado por todos, o casi todos) que pierdan el tiempo en callarle la boca a sus militantes que, con el cadáver de Cubillo de cuerpo presente, arrojan basura verbal sobre su vida y su incoherencia firme, es terrorismo de alma parda. O que algo tan carcomido por la historia más negra se llame Nuevas Generaciones es una escuela de cabos de vara, a los que no le temblaría el pulso en los sótanos de la tortura aledaños do el último día – si no se produce la fín – se televisará la cursi despedida de este dos mil doce que antecede al trece, oh, que no se anuncia muy optimista. O que haya gente de derechas en este territorio...o que no exista la izquierda.

O que sigamos celebrando la natividad de un señor que jamás se ha dejado ver y que muñecos vestidos del cursi Papa Noel trepen por las fachadas, como señuelos monitores para que los ninis abundantes aprendan a robar. Ni un niño sin juguetes, proclaman las cofradías, laicas y ecuménicas, fallos del sistema que sólo le dan más prestigio a los que no se han dedicado a enseñar a ser personas, sino a ejercer la falsa caridad, como si fuera o fuese el turrón más caro del mundo...¿os acordais?, que diría un dirigente de los que dirigen desde la simpática y bárbara (hoy Angelical) Alemania. Un país bárbaro, pues, donde también hay obreros, analfabetos, nostálgicos del nazismo y contadores de chistes que sólo le hacen gracia a don Mari – una rayita- Ano. O a De Guindos que es escritito a un emigrante de la posguerra, con su calva y todo, con su barba trancada y con su pedigrí: no debe olvidarse que nuestro ministro que se encarga de cuadrar las cuentas fue el gestor de un importante banco americano en la Ibérica Península y a la vista está el éxito de su gestión, extrapolable a su camarada y el nuestro, don Zoria, que también fue responsable de las cuentas de este archipiélago periférico y tal, antes, durante y ahora. Y sigue, presuntamente sin cargos y sin bigote.

Un poco de respeto a don Antonio Cubillo Ferreira que acaba de morir y que si fuésemos algo más que la banderita, merecía un eco mayor. Y nada ha ocurrido.

Una pena, por no decir otra cosa.

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