Y una mantita si hace frío, con la que cubre las tristes rodillas del paciente, nunca mejor dicho, que saca un billete – gris – de cinco euros que entrega mientras coge el camino de la máquina de la que depende.
Vá-mo-los, dice como un antiguo cobrador de guagua, cuarenta sentados y sesenta de pié.
Y esta obertura (...) es sólo una más de la patraña que han montado los presuntos cínicos que ganaron ¡ya era hora! y que abusan cada día más del sector solitario y débil, el de los enfermos y de los que no pueden defenderse a los tienen a su merced (que era tratamiento de vasallaje en el castellano antiguo) como siempre ha ocurrido desde el principio del trueque y la parcelación de este pequeño planeta de mal carácter.
Consideremos que una enfermedad crónica es un fallo de la medicina y que el que la padece tiene la gloria ganada, y que el gobierno ordena y manda – como antes – que se pague por sobrevivir atado a una máquina es un abuso de esta cuadrilla de compadres, sí, cínicos y basturriones a pesar de su presunto pedigrí amamantados por amas de cría, feitas como cocoriocas (léase Báñez la ministra de empleo, por decir algo), que jamás creyeron en la democracia ni en el valor del voto libre; si no, sería obligado ir a la cabina y no llevar los sobres desde el dulce hogar. La culpa, naturalmente, es nuestra, del noventa por ciento que se ha dejado manejar por el diez restante que manejan los hilos del guiñol y las vidas. Marionetas de toda la vida que se resignan porque algo tiene que haber o que me dijo uno que me dice que oyó decir que alguien estuvo diciendo lo que hay que oír si lo dice el que sabe lo que dice. Y no es un rebujón el párrafo.
Parece ser que esta tasa, otra más, se aprobará el próximo día veinte del mes que es la vigilia de los que auguran que el veintiuno será el fin del mundo: algo se vislumbra. O, por lo menos, la sensación de una nube de pesimismo lógico que todo lo inunda. Parece mentira pero es verdad. Como que la alegre ministra del ramo marchito – la sanidad pública, tal vez la más eficaz del mundo –se apellida Mato. Un casual, como que el ministro canario (...) se llame Soria. Todo cuadra menos las cuentas.
Pronto pago y en efectivo dice el chófer, porque si no, les desenchufo la sonda, caballeros, ojito. Y a las señoras, la bolsa, que me tienen el coche apestando a mil perros. Tranqui y mirando al frente, Y antes de bajarse, los cinco euritos en la mano. Es lo que manda la empresa. Ida y vuelta o viceversa. Pónganse los cinturones que ya arrancamos.
Y el viaje se desarrolla sin incidentes dignos de mención, sobre todo cuando el vehículo toma la carretera del oeste de esta ínsula barataria que sigue igual que hace ochenta años - la media del pasaje, más o menos – y que el profesional conoce como la palma de la mano y que es cuando se siente magnánimo y pone en la radio un DVD con su música preferida: "Precaución amigo conductor", " Apatrullando la ciudad", "Susanita tiene un ratón", "El otorrinolaringólogo", "Espérame en el cielo, corazón"(si es que vas primero), "Me sube la bilirrubina","Señor doctor, dígame usted", etc., ah, y a punto de llegar a su destino, un bis con Benavente y "su medio peso", ¿vale?, si. El "Polvorete" les encanta a las viejas ruines.
No pueden quejarse, dice el conductor prudente, y ahora, prosigue, a descansar y no se me olviden de tomarse la medicación. Y se va, no sin antes despedirse: mañana en el mismo sitio, bien bañaditos, con la ropa limpia y su botellita de agua. Chao juventud.
Lo antedicho podría ser un sainete, pero es la realidad, que dice que hay que pagar cinco euros (ebros) por la ida y otros cinco por regresar. Una módica cantidad para salir de la crisis, ¿oyó), si. Pues no se gasten la pensión en boberías, porque ustedes son enfermitos y tienen que cuidarse.
La inmensa mayoría de los ocupantes de la ambulancia – no urgente y privada – es gente buena y obediente; la que sufrió el acoso de lo indecible y que hoy no se explica lo que está pasando. Y está pasando.
Cinco euros o viceversa. Es lo que hay que pagar por sobrevivir para colaborar a destruir la mejor sanidad del mundo.