A tal punto ha llegado el despropósito que hasta el propio Director General de Salud Pública del Gobierno de Canarias, que en el mes de junio firmó de su puño y letra un durísimo informe técnico sobre las consecuencias de las emisiones de Cepsa para la salud de las personas, jura y perjura ahora por las esquinas que el aire de Santa Cruz es el normal y que a sus hijos los cría ahí sin temor alguno. Claro que no aclara en qué parte de Los Gladiolos tiene su residencia, cosa que sin embargo mucho nos tememos que va a tener que terminar aclarando ante el juez si el poderío de Cepsa no lo remedia de una u otra forma, que ustedes me entienden.
Sin embargo, a la vista del último informe conocido, patrocinado nada menos que por el Ministerio de Agricultura y Medio Ambiente y que se refiere a la calidad del aire que respira la gente en España (año 2012) -y que se basa exclusivamente en datos de emisiones registrados- el argumentario improvisado de estos sinvergüenzas se complica de cara al procedimiento penal abierto por Fiscalía por el calado de determinadas afirmaciones allí recogidas y referidas a la situación de Canarias: "Pero donde sin duda se alcanzaron los valores más preocupantes fue en el área metropolitana que constituyen las ciudades de Santa Cruz de Tenerife y La Laguna, donde todas sus estaciones registraron elevadas concentraciones. Los peores registros se dieron en las estaciones de Tomé Cano, Piscina Municipal, Parque la Granja y Casa Cuna, con 100, 64, 59 y 40 días de superación respectivamente. En la piscina Municipal se superó incluso en una ocasión el umbral de alerta".
En fin, ahí están los datos y los informes técnicos y ahí están nuestros políticos en su papel de poner siempre el interés general -en este caso el sacrosanto derecho a la salud- por detrás de los intereses de determinados poderes que financian campañas y demás, eso es ya conocido y alcanzó su momento cumbre cuando echaron tierra sobre el desastre que provocó Unelco con el Delta debido al mal mantenimiento de las instalaciones. También contemplamos a un movimiento social completamente apático frente a la gravedad del problema (pese a que desde Salud Pública dicen que no es que mate la contaminación sino que adelanta un poco el pase al otro barrio del que ya estaba jodido) y a unos partidos políticos de distinto pelaje mirando respetuosamente para otro lado porque pareciera que defender la salud de nuestros niños y ancianos es enfrentarse al poderoso comité de empresa de la refinería. Nada más lejos de la realidad: lo que ha puesto en peligro realmente la pervivencia de esa empresa es la sempiterna costumbre de mirar para otro lado para que siguieran aflojando perras para esto y para lo otro. A la larga eso se manifestaba como poco recomendable y la intervención fulminante de Fiscalía parece haberlo dejado claro, de momento, hasta ver a dónde son capaces de llevarnos nuestros responsable públicos con sus habituales artimañas en defensa de los poderosos y en contra del interés, en este caso contradictorio, de la ciudadanía en su conjunto.
Foro contra la Incineración