¿Pero se podría afirmar que este fue un caso aislado, o se ha observado en situaciones similares? De ser así tendríamos que afirmar que los animales tienen una intuición especial en caso de peligro. Al respecto ya el historiador griego de la antigüedad Diodoro documentó que los animales horas e incluso días antes de un terremoto se comportan de forma extraña. En el año 373 a.C. la ciudad de Helike, en el golfo de Corinto, fue tragada por el mar después de un poderoso terremoto. Cinco días antes de la catástrofe, al parecer un desfile de ratas, serpientes y escarabajos se dirigió a la ciudad vecina a través de un puente que la unía con ésta, para ponerse a salvo en el interior. En el terremoto de 1966 ocurrido en el norte de China todos los perros del pueblo escaparon a tiempo y sobrevivieron. O por ejemplo cuando en 1976 un terremoto en la región italiana de Friaul, se cobró las vidas de 1000 personas, los campesinos observaron que los ratones salían de sus madrigueras y los animales en las cuadras sintieron pánico poco antes de que se produjera el terremoto.
Tras el ciclón Charly que en 2004 sacudió el estado de Florida, el biólogo Mike Hehouse relató una interesante circunstancia: «Aproximadamente 12 horas antes, catorce tiburones provistos de dispositivos de seguimiento y que nunca antes habían abandonado su zona habitual, huyeron a aguas más profundas y permanecieron allí durante dos semanas». Cuando en 2008 en el suroeste de China la tierra tembló, cientos de miles de sapos salieron de la tierra y atravesaron brincando la ciudad de Mianjang. Algo parecido sucedió en Italia, allí los sapos del lago San Rufino desaparecieron de un día para otro, y una semana más tarde un intenso terremoto sacudió toda la región y murieron 300 personas. La enseñanza que se puede sacar de todas estas experiencias y de muchas otras es que los animales emiten con toda claridad una señal de advertencia para los seres humanos, pero como casi siempre, solo es percibida por unos pocos.
Ana Sáez Ramirez