En el libro de la Editorial Gabriele titulado «Cada cual muere por si mismo» se explica que esta especie de película son como grabaciones. Allí se lee: «El momento de la muerte tiene lugar paso a paso, es decir imagen a imagen, es como la mirada retrospectiva del alma que por esta vez ha concluido su vida en la Tierra. El alma, que muy lentamente se ha despojado de la envoltura mortal, su cuerpo físico, toma como verdadero aquello que está grabado en su envoltura de materia fina, que la envuelve y que es activa en su irradiación». Más adelante se lee que podríamos imaginarnos este repaso como una sucesión de innumerables imágenes, es decir, grabaciones del pasado.
Estas imágenes pueden ser muy reveladoras, puesto que lo que se graba no son nuestras palabras externas, sino aquello con lo que están llenas esas palabras, los contenidos que pusimos en ellas, es decir nuestra forma de pensar, nuestros sentimientos, nuestras sensaciones, nuestras intenciones ocultas. Y eso que es negativo o sombrío no sólo lo vemos en la película de la vida, sino que lo sentimos también en nuestra propia alma, es decir el dolor o el sufrimiento que hemos causado a otros es entonces el dolor o el sufrimiento de nuestra propia alma. Esto llega hasta tal punto que si por ejemplo se cazó animales, se siente el miedo y el pánico de los animales cazados. Una persona que ha torturado o matado animales no sólo ve que ha matado o torturado animales, sino que también siente en su propia alma el sufrimiento, la tortura, el horror, el pánico, todo que el animal ha sentido. En este sentido el conocido como san Pablo lo dejó dicho: «A Dios no se le puede engañar, todo aquello que sembréis, eso cosecharéis».
Mª José Navarro