Domingo, 18 de Noviembre 2018 

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09 Oct

Cuando quedan algunos meses para la próxima cita electoral: municipales, autonómicas, europeas y, quién sabe, si más pronto que tarde, también generales, han comenzado a presentarse los candidatos de los distintos partidos, obviando, bien por convicción o por estrategia, en la mayoría de los casos, los tan celebrados, no hace tanto tiempo, procesos de primarias.

El miedo de los partido a las primarias obedece, generalmente, al temor de los "perdedores" a las represalias y el apego de los otros al sillón, esto hace que los primeros desistan presentarse, y que los segundos utilicen todas las estrategias a su alcance para alicatarse en las estructuras del partido y de las instituciones.

Justifican estas decisiones apelando a una democracia interna, cuando no es más que la paz de los cementerios.

Dónde quedó aquel compromiso de celebrar primarias, incluso de carácter abierto a todo el electorado y no sólo a militancia.

Cuánto de oportunismo y cuánto de convicción hay en los candidatos.

Por lo pronto, lo que se percibe es más de lo mismo y de los mismos.

El aire fresco que se prometió cada vez huele más a la naftalina que desprenden aquellos cuyos rostros son el cartel en cada cita electoral, cambiando de destino (municipal, insular, regional, estatal o europeo ), según se cotiza su influencia orgánica y no, precisamente, por sus méritos como servidores públicos.

Desgraciadamente, en los partidos se siguen anteponiendo los intereses personales y de sectas a los intereses generales y de servicio a una sociedad, que cada vez que llega una cita con las urnas tenemos que optar entre "susto o muerte", entre lo menos malo porque, sinceramente, la confianza y la ilusión ya se han encargado algunos de borrarlas del horizonte.

Basta con consultar en Google el término vasallaje para que, con una simple asociación de ideas, relacionemos como un fenómeno políticosocial de la Edad Media sigue estando presente:

"Vasallaje

1. En la sociedad feudal, vínculo o relación entre un vasallo y su señor, en virtud del cual el primero estaba obligado a servir o pagar ciertos tributos al segundo a cambio de protección.

2.Tributo que el vasallo pagaba a su señor o servicio que le prestaba según este vínculo".

Pongan ustedes nombres a señores y a vasallos.

Dada las circunstancias políticas y temporales, me atrevería a afirmar, que ya estamos inmersos en una campaña electoral y, no estaría de más, que los que tenemos que decidir, reflexionemos y tomemos decisiones, porque quizás mañana será tarde.

Cuánto presumían algunos de participación, de democracia interna, de primarias y, que pronto se han olvidado.

Siempre nos quedará el refranero cuya sentencia no da lugar a dudas: "Dime de qué presumes y te diré de qué careces".

Manuel García Morales

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