Mou se ha reído de todos en los últimos tiempos, ha hecho un completo destrozo en el Real Madrid, ha convertido a una entidad señera en un campo de concentración, en la permanente casa de los líos y, lo que es peor, haciendo que un plantel plagado de estrellas haya acabado la temporada con más pena que gloria, sobre todo tras la eliminación ante el Dortmund. Y es que el caballerete portugués, que tiene más ego que nadie, quiso irse del club blanco con la 'orejona' como rúbrica final. Para él era cuestión de vida o muerte y, viendo que la Liga estaba más perdida que el barco del arroz, centró todos sus esfuerzo en esa empresa.
Una vez Mou perdió la opción de ser triple campeón de Europa con tres clubes diferentes, empezaron los recados por doquier, Casillas, Pepe, Ramos, críticas a la prensa, espantadas antes y después de la Copa del Rey. Su actitud, propia de un dictador con síntomas claros de enajenación mental nada transitoria, le han llevado a creerse un Napoleón en potencia, dejando incluso en ridículo al presidente de la entidad merengue cuando éste observó entre el espanto y la indignación que su técnico rehusó a recoger la medalla de subcampeón. Ya no era un gesto feo hacia el Madrid, sino hacia el propio monarca español.
En fin, habrá que ver qué hace ahora Florentino Pérez, pero está claro que desde que optó por cargarse al exitoso Del Bosque (de eso hará ya una década) su feeling con los técnicos no ha sido nada dulce. Al mentiroso de Mou lo ha aguantado porque creía que sus métodos le darían la Décima, pero al final el único diez que ha habido es la multiplicación de los gastos para conseguir un segundo puesto, unas semifinales y una final perdida. Mucho arroz para tampoco pollo.
Juan Antonio Alonso Velarde