Es decir, aparte del fenómeno del balconing, que es lanzarse desde las terrazas de los hoteles y apartamentos hacia la piscina, práctica ésta que ya ha dejado varios muertos y tetrapléjicos, ahora se suma una nueva tontería que promete hacer furor entre los jóvenes como es esta clase de desafío viral. Primero comienza con tener que lanzarse al agua, pero dentro de poco será ponerse encima de una vitrocerámica o meterse en un horno a 200 grados. A algunos parece que les excita y les sube el ego eso de que haya una cámara grabándoles la memez. Puede quemarse, ahogarse o quedar tontos de por vida, pero lo que les importa es que las imágenes queden para la posteridad, demostrando a la par un escaso amor por su propia existencia.
A riesgo de que me llamen carda y viejuno, en mi época de joven, con 15-16 años, lo que tenía prestigio en la sociedad no era ser el más gamberro o idiota del lugar, sino tener un expediente académico impoluto, ser un deportista considerado, ser alguien preparado para enfrentarse a los verdaderos retos de la vida. Sin embargo, hoy nos encontramos con verdaderas atrocidades, animaladas sin sentido alguno, producto también, creo yo, de una canalización de lo que ven nuestros jóvenes a su alrededor. Y es que hay determinados modelos que elevan a los altares determinados medios de comunicación que confunden a quien aún está por formar intelectualmente.
Juan Antonio Alonso Velarde